mercredi 29 avril 2009

No traiciones a tu amada



a mis amigas del INVIFAS, en el Paseo de la Castellana.


Yo no puedo escribir de Paris porque es una limosna. Tour Eiffel, Sena, museo, puentes, todo fotografiado bajo un gris de peldaño que hace del viaje un sueño. He ido de un extremo al otro de la madrugada, siguiendo la guía de Cortazar, de Fayad Jamis, de Henry Miller, de todo el que paso del vino a escribir sobre las luces de la ciudad.

Temo desfraudarles. Cientos y cientos de kilómetros bajo tierra, viñedos de Montmartre, tabernas y cafés , amantes abrazados, turistas japoneses cámara en mano, barcazas rio arriba, rio abajo, buen vino, muchachas preciosas en espera de ser encontradas, -en posición fingida del que espera- , claraboya que te mira, gárgola de attrezzo y fina capa de esmalte antiguo.

Le haría una misa, quizás dos y vendería un panfleto. Hay que verla, -debo hablar en femenino, pues es ciudad, pero no he hallado otra aglomeración más neutra y asexuada, nada de química de muros, ni sobresaltos- hay que pararse en cada esquina y filmarse, para el mito.

Por aquí he pasado, llegué a Paris y me di la vuelta. Hay que intentar quedarse en el bullicio, ir a la fuente, recorrer las Tullerias, pararse bajo el arco de triunfo, entrar al Moulin Rouge, sentirse “fille” de la calle adormecida una y otra vez lavada al amanecer.

Una cortesía especulativa. Jamás me he sentido tan cuántica entre el gris, el fango y el día.

Nunca ha sido mi ciudad. Me deslumbró en la veintena y me abandonó en partículas. Me impuse, “ama a Paris, cómo no amarla si tiene belleza “y nada llegaba. Como con los hombres. He escogido el feo, el tierno, el cálido, el roto, el que sonríe y abraza, el flaco perdido, el de mirada herida, jamás el perfecto monumento de canto y chimenea humeante.

Toda arquitectura posada en medio del horizonte me petrifica.

Aunque lleve una peluca anaranjada de una muchacha del Crazi Horse, París me trasmite una frialdad, una extranjería que me obliga a la ebriedad. Emborracharme rápido de oleos, despotricarme en callejuelas de cementerios famosos, drogarme de vistas, y ser cliché de otros que flechan a mi espalda.

¿Cómo puede una guajirita cubana, por más señas, de Matanzas decir tantos oprobios? Perdonen, no les puedo mentir. Dejé de turistear la inmensa capital fría, cuando descubrí una callecita de Madrid, esquina de pasos agitados y me quedé enamorada de mi barrio Malasaña, de mi escalera, parque, pasamano, puerta, pasante, fuente, mediodía.

Madrid es mi amada, no por hermosa, que lo es en claridad y colores, lo es por ponerme frente a mí y respetar el acantilado desde donde pensaba que el mundo era una fiesta. Porque en ella jamás he sido una extranjera. Y ciudad que te da nombre, palabra, y te deja, es humana. No la voy a traicionar, no hay noche en que no llore.







T

lundi 27 avril 2009

De Regreso de Paris



el sabado ultimo, en el cumpleaños de Nathalie Pantelic. Decirles que la peluca es una original, diriamos peluca de verdad, de las bailarinas del Crazy, esas bellisimas senos al aire, y culo en popa.
Gracias a todos los que han pasado. Les quiero.

mardi 14 avril 2009

CIERRE POR ETICA ULTRAJADA




Voy a confesar que a veces no presto mucha atención a los comentarios ANONIMOS que dejan en el blog, pero han llegado a extenuarme.

Como soy una persona  calmada, que no se mete con nadie, no entiendo por qué molesto. Hace apenas unas semanas sucedió lo mismo con un artículo sobre los plásticos de la generación de los ochenta en Cuba. Hoy con los ángeles. O retoman el tema o me tiran puyas. Repito, este es un blog sin ambiciones literarias, una especie de armario donde subo fotos y textos del aburrimiento en la Normandia, sin nada de otro.  Dadas las evidencias indiscutibles y teniendo en cuenta que soy una persona humilde, sin grandes recursos editoriales, ni problemas de prepotencia intelectual, cierro mi blog hasta nuevo aviso.



Gracias por la comprensión.

In My Secret Life






para agradecer a todos los que han leido el denso articulo de aqui abajo. Gracias.

samedi 11 avril 2009

Abre tu cabeza -Ya Abrí mis ojos , Luis Tomasello





“Abre tu cabeza”

He sido mala en el agradecimiento. Un pudor de extraño origen me obliga a huir cuando un tesoro se abre en mi camino, como si todo fuera demasiado bueno o no lo mereciera y estuviera retardando a la persona que me lo ofrece.

Ha llegado el tiempo en que " sé muy bien que un escritor no llega nunca a escribir lo que él quisiera escribir y que cada libro nuevo..., un libro más es, en cierta medida, un libro menos, menos en ese camino para irte acercando al libro final y absoluto que nunca escribes, porque te mueres antes" como sentencia Julio Cortázar, lo cual suena grave en mi caso de escritora poco publicada, con manuscritos que sufren de computadoras que extravían, desaparecen, y mueren de memoria “amontañada.”


Naci con estrella, estaba ahí donde el ángel –no importa si celestial o del infierno- buscaba a una inocente muchacha para inocularle gramos de estruendo, o regalarle una biblioteca- tal era y es mi sed de palabras.

Durante la adolescencia negué la seducción de mis nalgas y pensé que la selección de mis hombres reposaba en un libro compartido. La edad me permite transgredir. Los ovarios y el exilio pusieron todo a su plaza, vagabundeé con desconocidos, quizás, siempre aspiré a ser una vieja indigna, a me valer por la furia y el vértigo químico de una presencia masculina, quizás era mi espejo el que buscaba. Ahora sé que las piernas también cuentan.

Algunos de estos ángeles hicieron ritos, y conjuros que me sacaron de un triste destino de provinciana y, desafiaron por mí, la fauna que no perdona el ojo, el flechazo, la nota ni el olvido.



Si la mediocridad y estrechez de pensamiento no fueran tronco y palma de los intelectuales cubanos, cada poetiza podría mencionar libremente, en sus textos, a quienes ha amado, y no solo en el lecho, también en amigos. El verso iniciático, la esencia, la orgánica estructura de nombrar a esos violadores de inocencia, e investir su feminidad de un airecillo de escapada y renacida a sí.

Hasta donde tengo memoria mi primer ángel fue Luis Marimon, el maldito poeta que vivía en el fondo de mi casa, por el Kilometro 101, en Matanzas. Con él fui por primera vez al teatro, a conocer los remolinos de los ríos, a robar cañas, a la gruta donde habían matado a una niña ciertos brujos africanos; a esperar el pase de los trenes sobre el puente plateado, a un paso de caer en los rieles, de confundir sangre y mano con los platanillos del rio San Juan, para terminar en casa de Carilda Olivier Labra, rompiendo cazuelas.

Dice la leyenda que Luis murió bajo un puente, por las Vegas… ambos compartimos esa memoria formidable de olvidar todo, desde la gota insistente que forja la estalactita en las cuevas de Bellamar hasta la domadora de leones del circo, que no sabía qué parte tocar del animal para que rugiera, a pesar del hambre.




Cuando mi madre me contó que había muerto, que nadie sabía dónde estaban sus restos supe que me “voy a morir pensando que envejecer después de haberle querido fue una gran epopeya”, pues “nacer es llegar a un sitio desconocido y oscuro de uno mismo”.

Marimon murió borracho. Yo, a usted, Luis Marimon, le he amado.



Otro ángel se me aparece, posado en su bigote. Es Fayad Jamis, el poeta y el pintor-jamás el diplomático aterrado detrás de una guayabera azul, como fue cuando me descubrió o le descubrí- El Moro me dejaba andar sin zapatos por la casa y me regaló el desvelo.

No estaba preparada para su muerte, para la Muerte- de ese regalo paso-, ni para conservar bienes, ni cuidar obras, ni andar entre dinosauros de la cultura, -no he perdido la agalla-, o estaba bien preparada, como feto sin vida desde el vientre de mi madre, y, quería ensuciarme con lo mío, en la absorción de estepas, banquisas, y fuegos nuevos. Ni criticas, ni elogios, ni ramplas, ni escaleras, me han tentado, sigo aun en el trabajo solitario aunque no ayude a comer.

Nunca he querido ser viuda, a mi muerto le he trimbalado a orgias póstumas con mancebos de poco corte pero muy bien potentados. Corsarios, piratas y vagabundos entraron a mi cama, pero jamás han saqueado su memoria - de eso se encargaron sus parientes, sus cercanos-, mis bandidos sexuales pasaron con sus banderas y él resistió; ahorcado en un café parisino, seguimos conversando de guajira a campesino, de ciudadano del alba, a adolescente de la mañana.

Hay muertos que cuando se entronan en el alma son toros escupidores de ruedos, y convierten en arena cualquier amarillo.

Fayad me legó tantos amigos fútiles como enemigos de tiempo. Por él se acercaron artistas muy renombrados a mi estancia; en busca de un libro, de un poema, de cualquier constancia, fue necesario atestiguar que habían estado en casa, tomado café y conversado con el Moro.



Yo fui la testigo que preparaba el mejunje para la tertulia, y que una vez establecida la posición en el mundillo de la fama, podría desaparecer tras las volutas de su habano. Eso me convino, la discreción es la mejor aliada para poder hacer mi reverendísima gana, en una vida tan corta.

Con Jamis aprendí a controlar el coloreaje, a respetar la línea y seguir el dibujo; a cortar sin titubear un cartón de 300 gramos; no podía cambiar las comas, pero si la estructura de una frase. Todo es inseguro en el arte, él olfateaba y reconocía lo mejor. Me enseñó lo justo, tanto en palabra, como en mirada.; con él aprendí la Ciudad de la Habana, a descolgarme de la Universidad y bajar por O hasta 27 y sentarme a trabajar sin directivas, ni temáticas estrechas, a investigar en humildad y darle al cuero y la pata’ a la lata poética.

A sentir respeto, e ir en las madrugadas a los bajos del balcón de Dulce María Loynaz, por si aun estaba despierta, por si había alguna luz en su casa, o deseaba conversar.

Tomas Álvarez , su amigo de infancia, Luis Marrero, Rafael Alcides, los Víctores, el Casaus y el Rodríguez, Rivero, Saiz, los jóvenes que pedían claves para introducirse como carpinteros de bibliotecas …Fowler, Omar, Carlos Augusto, Emilio, Cira Andrés, Albis, Wendy..son muchos los asiduos visitantes de los ochenta. Esos son los buenos que cuentan.

Pero cuando Fayad se fue, una cruel fauna mordisqueaba nuestra casa planeta. Entretenidos en poner trampas y llevarse lo que vale, me dejaron para mi sola al poeta. Miren que bien tan precioso tengo en mis manos. Les agradezco de haberle despojado de artimañas y en su honor les maldigo por haber dispersado tanto esmero de palabra y tinta suelta y no respetar a Guayos, ese pueblo perdido en el centro de la isla, que era su infancia.



Todos los días llegaban los que faltaron a las curas citostáticas. Me costó mucha intuitiva precaución saber si se trataba de un amigo, de un coleccionista, de un bucanero, un abogado, un representante del estado, la contrainteligencia en persona , una enamorada, un admirador de paso, pero a todos firmé el acta de paso.

He leído mucha crónica donde se mencionan tertulias inacabadas y desde la sombra, estoy agradecida de mi trasparencia corporal.

Fayad murió carcomido en sus entrañas, sudando sangre, en noviembre de 1988, con raros tumultos y cabalgatas de fantasmas, frente al Malecón de la Habana. A él le debo lo grande, el silencio que espanta, el amor sin prejuicios, la muerte que trunca planes, y la entrada del mal en mi existencia.

Ese daño que viene por la vanidad, el trauma no cicatrizado, la avaricia del hombre.
A él le debo saber que cualquier palabra de poeta es susceptible de ser utilizada, en el futuro, por una causa, que poco importan las publicaciones - a no ser para la fama- de todas formas el palo esta esperándote, y si lo esquivas, pasaras el resto inventándote una historia que no es la tuya.

Le debo la renuncia al orgullo, el arrepentimiento, la humildad y saber, que tras la desaparición, aquel que pudo haber sido tu enemigo, es quien mejor te conoce. Roberto Fernández Retamar lo sabe, es el único que dio cara, despidió cuerpo, buscó fosa, puso bandera, y se ocupó de su joven amada. A él, todos mis agradecimientos.
Fayad Jamis murió cabalgando la rabia de no tener más tiempo para el amor. Yo, a usted, Fayad Jamis, le he amado.


La mía vida fue, desde entonces, huir a Groenlandia tras los lobos.





II


Ya Abrí mis ojos , Luis Tomasello

En el tumulto que enfría las manos cuando muere tu amado, encontré a otros ángeles. Fue en la Habana, en el apartamento de O y 27, en el Vedado donde sonó a la puerta un hombre canoso, alto, de mirada penetrante y cara de actor americano, o de cascarrabias: Luis Tomasello.




Tenía acento argentino y aspecto parisino. En 1989 no existía la conexión a internet, si conocías a un tipo o bien habías leído su libro, caído sobre un periódico del extranjero, o violado cualquier norma de lo oficialmente y culturalmente necesario para navegar en el Caribe.

Datos me faltaban, mas hubo empeño. Siempre estaban los dadaístas, el poemario Los puentes de Fayad Jamis para soñar la Sena, Cortázar, los cronopios y el encanto. La atracción intelectual fue inmediata y se consolidó en Nicaragua donde viajábamos invitados por Tomas Borges, en aquel entonces Ministro y militar de rancho grande y mucho codeo con poetas.

Paseamos por la laguna cercana a la isla de los monos, comimos en el volcán junto a Benedetti, y todos los jurados del concurso Casa de las Américas, - invitados por Borges, quien había ganado el premio de novela en la edición del 89.

Yo andaba en penas, y la ignorancia de saber quién es quién me permitió escuchar, y, bien precavida como adolescente, no cantar la crónica, ni enmarcar en oro el encuentro. Tomasello , convencido que yo me parecía mucho a Carol Dunlop la última esposa de Cortázar , se empeñó en que hiciera un peregrinaje hasta el Café Bonaparte, donde seguro encontraría el signo que me devolvería a la vida.




Todo fue rápido y de un gran susto; mi estado, tras la muerte de Fayad, era tan deplorable que no causaba sospecha, ni envidia a nadie. Todo el mundo firmó permiso, convencido de que me quedaba poco. Llegué directo del aeropuerto a Notre Dame de Paris, llegué en cuerpo, por el resto tardé varias horas. A una cuadra de Père-Lachaise, en la calle de Villiers de l’Isle Adam, tras subir una escalera y atravesar un corredor anónimo y sin gran estima, un jardín.

Y la casa, esa que diseñó y construyó Luis Tomasello aunando ladrillos, tras su llegada a Paris en 1957, un espacio -esencia de luz, que gana en cualquier concurso arquitectónico. Ahí tenía mi cuarto de adolescente viuda, una carta de metro y un programa de estrella caída en medio del marasmo.

Luis Tomasello, me regaló Paris. El arte cinético, hasta entonces entrevisto en reproducciones de revistas era una monada de ciego. Uno de sus creadores, el hombre que ha tocado tantos muros imprescindibles, el desconocido que ha trasformado esquinas y edificios en obras de arte, preparaba un asado en su chimenea, como si estuviéramos en otra dimensión. En las paredes, todas de blanco, viví el vértigo, el trasfondo que ilumina, mi cabeza abierta al universo.




Atmósferas cromoplásticas- léase tarugitos más pequeños que mis dedos, posados sobre una superficie negra, gris, blanca y que proyectan un naranja encendido, un amarillo vivo y todo en movimiento, ojo, cerebro, membrana, fibra poética al descubierto. Un negro que ilumina el lado izquierdo del cerebro desde donde salta la emoción. Belleza y misterio, misterio científico, alquimia de la luz.

Este hombre altísimo, como un niño modesto y tímido, abrió sus armarios de dónde sacó acuarelas, oleos figurativos y académicos, quería que fuera despacio, pues la luz se gana.

Decidió por gracia de su voluntad ser mi maestro, y continuar educándome como no tuvo tiempo Fayad. La única razón que contaba era que todo me cautivaba, y que Paris tendría “ese clima universal donde prosperan las buenas plantas”.

Pero yo debía saber que “no sería fácil”. El, cuando llegó a Francia, pintaba casas. “Era un poco duro –recuerda–un año y medio después Denis René me incluyó en muestras, mi mujer enseñaba español y pude dejar la verdadera pintura: la de brocha gorda. Empecé a trabajar con la geometría que simula movimiento en un solo plano y enseguida pasé al relieve. Ahí redescubrí la luz. Miraba el reflejo de unas barritas de papel y pensaba: estoy buscando el color en lo transparente, ¿puede ser que acá haya algo?. Y había.”

Tomasello me alertó que todas las nuevas ideas tardan en instalarse. Me habló de su padre, un inmigrante siciliano que no sabí¬a leer ni escribir, pero que le enseñó a trabajar, del esfuerzo, de la educación, de los valores del espí¬ritu, y yo le hablé del mío, un rudo guajiro del Valle de Yurumí que se dedicaba a construir barcos y tejer tarrayas para pescar en la bahía de Matanzas.



Con mis cartulinas le acompañé a Montmartre, quería ver si por diez francos alguien se enamoraba de un trazo y lo logré. De todas formas, la visión que él me estaba presentando, germinaba y rechazaba cualquier intento anterior. Estaba por nacer.
Desde entonces no puedo ver una mancha, una línea sin detectar algo profundo. Como Tomasello, me sigo preguntando cómo pasa todo y al instante lo olvido, para solo crear en lo sensible. ¿Sera la inocencia un caudal infinito?

Nos fuimos hasta Arras, detrás de Verlaine. Visitamos Chartre , jugamos a los vitrales y sus transformaciones. Yo, con los pies helados bajo unas botas cubanas que no convenían al duro invierno de enero de 1991, me apretaba bajo una estola color pelo de perro- fíjense la ignorancia mayor- y que fuera tejida por Carol.
"Descubrí¬ que la luz, al atravesar esos vitrales medievales, formaba los colores y los hací¬a visibles. Así¬ me iluminó el concepto de color-luz"


El turismo fue por mi cuenta: un poemario en la mano para aprender los puentes, visitar el taller de Fayad en los años cincuenta, todo en solitario. Tomasello me dejaba en el barrio y me decía por ahí y desaparecía modesto, quería que Fayad fuera mío –un libro de fotos del itinerario ha quedado apresado y quizás salga en la Habana con el nombre de otro- mis libros tienen esa suerte de ser mal amados, pero de ser apropiados por cualquier necesitado.

El museo, la exposición, la inauguración, Madame Pompidu, el restaurante que enseña que la tabla es una parcela estructurada, donde la geometría despierta el apetito, corrió por su cuenta.

Cada amigo que me presentaba tenía una increíble página en la historia del arte. Lippa se movía entre su mansión y mis dibujillos, fascinado, y yo que no merecía me aplicaba a no manchar el taller de Tomasello, todo de blanco, jamás había imaginado un muro virgen de manchas, cuando me da el arrebato de olear un cuadro.
Orden, disciplina, trasmisión. Ya nunca fui la misma.

"De Mondrian no sólo aprendí¬ la vertical y la horizontal sino los conceptos de lo mí-nimo y lo máximo".

A mí me sobraban hierbas-muchas malas- en la finca donde se debatían conceptos, visiones, delante de este hombre que me ensenaba a leer en el reflejo y los cráteres de la luna. "La luna es más poética que el sol, porque su luz es una luz reflejada''




Cibernética y afamada repasaba el deslumbramiento y escribía cartas a mi hija en la isla lejana , en una máquina de escribir verde, de las ancianas, la misma en que Julio Cortázar tecleó Rayuela, la que C marca cronopios y F, famas. Si a usted, después de trastear durante más de un mes en un teclado, le cuentan que su propietario es Cortázar, se sentirá, sin dudas, como yo, víctima de una adrenalina destupidora de recovecos mentales y válvulas cardiacas.



El viaje a Cortázar fue más lejos, tuve los originales de “Un elogio de tres”(1980) y de “Negro el diez” (1984), entre otros manuscritos, en la mano. Luis conoció a Cortázar en París. Él sabía quién era por su nombre, fue la época en que pintaba casas.

“…Fuimos amigos hasta el último momento. Hablábamos de todo, de lo que estábamos haciendo y no sé de qué… Yo no soy un intelectual pero pasábamos horas conversando. Era por él, que se adaptaba tan bien a las personas. Anécdotas hay muchas. ¿La primera que me viene a la cabeza? Tenía una biblioteca repleta de libros y discos. Le propuse armar otra. Preparé la madera y la hicimos juntos. No era hábil, pero le interesaba el mundo de las ferreterías, pienso que era para ir un poco contra eso que no le salía. Tenía un armario lleno de herramientas. Cuando murió, encontramos 42 destornilladores. Yo, que los uso, tengo diez como mucho...

Todas las tardes, nos sentábamos a la mesa, delante de una exquisita sopa de vegetales, que Tomasello preparaba en cantidades de bodega española y me hacia evaluación de lo aprendido.

¿Estuviste con la Maga en el Ponts des Arts? ¿Conociste la Quai de la Mégisserie , la del capítulo 8 de Rayuela? Y me aconsejaba rutas: “Pásate por el café Old Navy del Boulevard Saint Germain , ahí se sentaba en las tardes…”

¿Supiste de tu nena?- por ahí comenzó la conversación. ¿En qué año nació la Laura? Le respondí en el 82 y cambié de tema, la nostalgia me va muy mal. “Este es un viaje surrealista, Fayad Jamis no se imaginó que yo pudiera un día estar en Paris…”

Tomasello captó el mensaje y desembocó en otro 1982, en aquel mes de mayo donde Julio Cortázar y Carol Dunlop, ambos muy cerca de sus muertes, emprendieron un viaje, con reglas estrictas, hacia la irrestricta libertad del no lugar, la fantasía, el no tiempo. Se trataba de cubrir el trayecto París-Marsella, unas nueve horas en auto, en 33 días; sin salirse de la autopista, deteniéndose a "hacer noche" cada dos paradores, escribiendo un cuaderno de bitácora que sería la novela Los autonautas de la cosmopista…



Yo debía apropiarme de Paris, y todos los que por la ciudad han pasado y dejado testimonio, en igual tiempo. El pánico me infligía una prisa desconocida, y fue entonces que Tomasello, hombre práctico y de gran carácter, organizador de un programa estricto para guajiritas pies descalzos me indicó, con ese tono de orden con que siempre me ha tratado su ternura educativa: “mañana vamos al cementerio de Montparnasse”.

Entramos al cementerio a la hora de apertura, recuerdo que escuchaba nombres, Baudelaire, Sartre, Simone de Beauvoir, Samuel Beckett, Emil Cioran, Porfirio Díaz, Marguerite Duras, Emile Durkheim, Guy de Maupassan y…tenía el plano en la mano, pero en aquel entonces conducir en callejuelas me era ajeno.

Tomasello conocía la callecita, y me enroscó en una especie de laberinto hasta las tumbas de Julio Cortázar (1914-1984) y de quien fuera su última mujer, la escritora canadiense Carol Dunlop (1946-1982).

Estaba frente a dos lápidas, y eran solo una- diseñadas por los argentinos Julio Silva y Luis Tomasello. Este hombre a mi lado había creado la tumba de su amigo muerto. Una especie de libro de mármol extendido como la enorme mano que sacudía rastrojos que no sé por qué extraña vocación de ensuciar, dejan los visitantes.
Por una de esas páginas de piedra entreabiertas, nos tomamos la mano y entramos a visitarles en cronopios desesperados.



Julio no quiso que pusieran a Carol como su esposa, como es habitual en estos casos de matrimonio con notable, “porque ella valía por sí misma”- me dijo Tomasello. Yo anoté la lección.

Desde entonces dejé de estar hipnotizada y abrí los ojos, cada vez que veo una sombra sé que se refleja en otro espacio espiritual y tengo a Tomasello en la órbita, dando látigo al color, para que el enigma de lo escondido sea.

Unas semanas después, regresé a mi hija. En la Habana me esperaban procesos, herencias, y jaleos ajenos a los cronopios.

“Empecé por romper los espejos de casa, deje caer los brazos, miré vagamente la pared, y me olvidé. Canté una sola nota, escuché por dentro. Y oí (mucho después) algo como un paisaje sumido en el miedo con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en cuclillas, estaba bien encaminada, pues también oí un río por donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro, oí un sabor de pan, un tacto de dedos, una sombra de caballo…” pero el tumulto de “famas” me hizo perder la razón y renuncié a acompañar a Tomasello a New York, y a abrocharme a quien podía sacarme a la luz bastante rápido.




Los alumnos deben abandonar a los maestros, aunque se entristezcan, y buscar un camino propio, es la única forma de agradecer y de saber si se vale o no.

Una extraña dama azul de aquella época que me había apurado en enviar a un concurso había ganado premio de pintura en el país de Caux, y me invitaban a exponer en el Musée de la Prieuré, en Harfleur. Desconocía que en este viaje me dejarían fuera de la isla, por suerte junto a mi hija, ahora voy para los veinte años de exilio.
Vendría la época de no nombrar nada conocido, ni siquiera nombrarme y exponer y exponer entre extraños que jamás habían escuchado el nombre de Luis, Fayad o Tomasello, de quienes evité cualquier referencia.

Empecé, desde el otro lado del tarugo, desde la parte oscura, la que no se ve, a pintar, a escribir y a escribir, apartada de todos, en un pueblucho de la Normandía brumosa, hasta que decidí reaparecer ahora, cuando el reflejo me ampara y puedo asumir la palabra, el color, el que aprendí con estos maestros.



Hoy me estoy curando con la escritura de lo que será mi único libro “ Maldicionario” y reparo erratas. Bendigo a Luis Marimon, quien me enseñó a vivir en la embriaguez de un mundo paralelo; bendigo a Fayad Jamis quien apostó por la poetisa de provincia y le situó en la Habana; bendigo a Luis Tomasello, quien me regaló Paris, la calidad de cronopio y la obra secreta del hacer sin esperar elogio ni campanas.

“… y cuando usted lea estas páginas, paciente lector, no serán más que una hoja de alcaucil del tiempo. Cosas y cosas habrán sucedido. Y, como cantaba Jean Sablon: Todo pasa, todo se quiebra, todo se desgasta. Ya habrá otro en mi lugar. Otra guerra arderá en otros horizontes". -Cortázar.


Margarita Garcia Alonso
Le Havre, 11 de abril del 2009





Obras mencionadas.
Luis Marimon, Herencia de la soledad, ediciones Matanzas, 2005
Fayad Jamis, Los puentes.
Negro el diez. Sobre serigrafías de Luis Tomasello (1983).
Traducción al francés de Françoise Campo
París, Galerie Maximilien Goiol, 1983
Un elogio del tres (sobre las pinturas de Luis Tomasello) (1980).
Zurich: Dolf Hürliman, 1980. Traducción alemana de Úrsula Burghardt. Traducción francesa de Jacques Lassaigne.
Luis Tomasello,uno de los creadores del Arte cinético. Una mano enamorada, Grafo edizioni, 1997.

biografía de Luis Tomasello en el titulo de este post, o en
http://www.macla.laplata.gov.ar/exposiciones/anteriores/2004/LuisTomasello.htm

mardi 7 avril 2009

Cita con el sol-Birkat Ha-Jamá,




El Talmud (Brajot 59b) enseña:

Él que ve el sol en su temporada, la luna en su esplendor, las estrellas en sus órbitas, y las constelaciones en su orden, recita "Bendito es Él que realiza el acto de la creación". ¿Y cuándo sucede esto? Abaye dice: cada 28 años, cuando el ciclo vuelve y la temporada de Nissan cae en Saturno, en el cuarto día de la semana.

El 8 de abril de 2009, en la víspera de Pesaj, los judíos alrededor del mundo se levantarán temprano, mirarán el sol y recitarán la bendición menos frecuentemente recitada en el judaísmo: Birkat Ha-Jamá, la bendición del sol. Nosotros recitamos esta bendición una vez cada 28 años, y próximamente, podrás recitarla en tu vecindario. Asumiendo, por supuesto, que el sol salga ese profético miércoles de la misma forma como lo ha hecho cada día hasta ahora...

uno debe recitar la bendición tan temprano como sea posible, y con un grupo de personas tan grande como sea posible. Hablando en forma práctica, esto significa que la gente se va a levantar temprano para rezar Shajarit justo al amanecer, e inmediatamente después recitará la bendición:



(Casualmente, ésta es la misma bendición que se recita cuando se ven otros fenómenos naturales sobrecogedores como desiertos montañosos, relámpagos, terremotos, huracanes, fenómenos astronómicos y masas impresionantes de agua).

¿Cuándo?

Idealmente, la bendición debe ser recitada desde la salida del sol hasta antes de la tercera hora del día. Esto corresponde a las 9:30 AM en Jerusalem. Si por algún inconveniente no fue recitada antes de la tercera hora del día, la bendición incluso puede ser dicha hasta el mediodía (12:41 PM en Jerusalem).

La bendición debe ser recitada donde uno pueda ver el sol en su totalidad, o por lo menos la silueta del sol tras una nube. Si es un día nublado y uno no puede ver el sol, uno debería decir la bendición sin incluir el santo nombre de Dios.

De acuerdo a la Mishná Brurá (229:8), hay otras cuantas oraciones para decir esa mañana, en el siguiente orden:

1. Salmo 148
2. La bendición de "Osé Maasé Bereshit"
3. "Kel Adon..." hasta "Jayot Hakodesh" (parte de la primera bendición del Shemá del sábado en la mañana)
4. Salmo 19
5. "Aleinu"
6. Kadish (en presencia de un minián)

Debe ser recitado después de Shajarit, si es posible acompañado de Minian.

La bendición del Sol se realiza hacia el este.

Alabad a Dios. Alabad a Adonái desde los cielos; alabadlo en las alturas celestiales. Alabadlo, todos Sus ángeles; alabadlo, todas Sus huestes. Alabadlo, sol y luna; alabadlo, todas las resplandecientes estrellas. Alabadlo, cielo de los cielos, y las aguas que están encima de los cielos. Que alaben ellos el Nombre de Adonái. Pues El ordenó y fueron creados. Los ha establecido para siempre, para todo el tiempo; emitió un decreto, no ha de violarse.1

הַלְלוּיָהּ, הַלְלוּ אֶת יְיָ מִן הַשָּׁמַֽיִם, הַלְלֽוּהוּ בַּמְּרוֹמִים: הַלְלֽוּהוּ כָל מַלְאָכָיו, הַלְלֽוּהוּ כָּל צְבָאָיו: הַלְלֽוּהוּ שֶֽׁמֶשׁ וְיָרֵֽחַ, הַלְלֽוּהוּ כָּל כּֽוֹכְבֵי אוֹר: הַלְלֽוּהוּ שְׁמֵי הַשָּׁמָֽיִם, וְהַמַּֽיִם אֲשֶׁר מֵעַל הַשָּׁמָֽיִם: יְהַלְלוּ אֶת שֵׁם יְיָ, כִּי הוּא צִוָּה וְנִבְרָֽאוּ: וַיַּעֲמִידֵם לָעַד לְעוֹלָם, חָק נָתַן וְלֹא יַעֲבוֹר:

Junte los pies y de una mirada al Sol antes de recitar la siguiente bendicion.
UNa vez comenzada esta, no se mira más al Sol.

Bendito eres tú, Ado-nai nuestro Di-s, Rey del universo, que restablece la obra de la Creación


בָּרוּךְ אַתָּה יְיָ, אֱלֹהֵֽינוּ מֶֽלֶךְ הָעוֹלָם, עֹשֵׂה מַעֲשֵׂה בְרֵאשִׁית:

Bendito eres tú, Ado-nai nuestro Di-s, Rey del universo, que nos ha concedido vida, nos sostuvo, y nos hizo posible llegar a esta ocasión.


בָּרוּךְ אַתָּה יְיָ, אֱלֹהֵֽינוּ מֶֽלֶךְ הָעוֹלָם, שֶׁהֶחֱיָֽנוּ וְקִיְּמָֽנוּ וְהִגִּיעָֽנוּ לִזְמַן הַזֶּה:

Para el Director del Coro; un Salmo por David: Los cielos relatan la gloria del Todopoderoso; el firmamento proclama la obra de Sus manos. Día a día fluye el habla; noche a noche expresa conocimiento. No hay dicho, no hay palabras; la voz de ellos es inaudible. Su arco se extiende a través del mundo; su mensaje hasta los confines de la tierra. El fijó en ellos [en los cielos] un pabellón para el sol que es cual un novio que sale de su palio nupcial, cual un hombre fuerte alegrándose de correr por el camino. Su salida es en un extremo de los cielos, y su órbita abarca los otros extremos; nada se oculta de su calor. La Torá de Adonái es perfecta, restaura el alma; el testimonio de Adonái es fidedigno, hace sabio al necio. Los preceptos de Adonái son rectos, alegran el corazón; la mitzvá de Adonái es clara, ilumina los ojos. El temor de Adonái es puro, perdura para siempre; los juicios de Adonái son verdad, todos ellos juntos son justos. Son más deseables que el oro, que mucho oro fino; más dulces que la miel o que las gotas que destila el panal. En verdad, Tu servidor es escrupuloso con ellos; en su observancia hay abundante recompensa. Sin embargo, ¿quién puede discernir los males involuntarios? Límpiame de los pecados ocultos. Asimismo, detén a Tu servidor de los pecados voluntarios; no permitas que me dominen; entonces seré inmaculado y me mantendré limpio de la transgresión flagrante. Sean las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón aceptables ante Ti, Adonái, mi Fortaleza y mi Redentor. 2


לַמְנַצֵּֽחַ מִזְמוֹר לְדָוִד: הַשָּׁמַֽיִם מְסַפְּרִים כְּבוֹד אֵל, וּמַעֲשֵׂה יָדָיו מַגִּיד הָרָקִֽיעַ: יוֹם לְיוֹם יַבִּֽיעַ אֹֽמֶר, וְלַֽיְלָה לְלַֽיְלָה יְחַוֶּה דָּֽעַת: אֵין אֹֽמֶר וְאֵין דְּבָרִים, בְּלִי נִשְׁמָע קוֹלָם: בְּכָל הָאָֽרֶץ יָצָא קַוָּם וּבִקְצֵה תֵבֵל מִלֵּיהֶם, לַשֶּֽׁמֶשׁ שָׂם אֹֽהֶל בָּהֶם: וְהוּא כְּחָתָן יֹצֵא מֵחֻפָּתוֹ, יָשִׂישׂ כְּגִבּוֹר לָרוּץ אֹֽרַח: מִקְצֵה הַשָּׁמַֽיִם מוֹצָאוֹ, וּתְקוּפָתוֹ עַל קְצוֹתָם, וְאֵין נִסְתָּר מֵחַמָּתוֹ: תּוֹרַת יְיָ תְּמִימָה מְשִֽׁיבַת נָֽפֶשׁ, עֵדוּת יְיָ נֶאֱמָנָה מַחְכִּֽימַת פֶּֽתִי: פִּקּוּדֵי יְיָ יְשָׁרִים מְשַׂמְּחֵי לֵב, מִצְוַת יְיָ בָּרָה מְאִירַת עֵינָֽיִם: יִרְאַת יְיָ טְהוֹרָה עוֹמֶֽדֶת לָעַד, מִשְׁפְּטֵי יְיָ אֱמֶת, צָדְקוּ יַחְדָּו: הַנֶּחֱמָדִים מִזָּהָב וּמִפַּז רָב, וּמְתוּקִים מִדְּבַשׁ וְנֹֽפֶת צוּפִים: גַּם עַבְדְּךָ נִזְהָר בָּהֶם, בְּשָׁמְרָם עֵֽקֶב רָב: שְׁגִיאוֹת מִי יָבִין, מִנִּסְתָּרוֹת נַקֵּֽנִי: גַּם מִזֵּדִים חֲשֹׂךְ עַבְדֶּֽךָ, אַל יִמְשְׁלוּ בִי, אָז אֵיתָם, וְנִקֵּֽיתִי מִפֶּֽשַׁע רָב: יִהְיוּ לְרָצוֹן אִמְרֵי פִי וְהֶגְיוֹן לִבִּי לְפָנֶֽיךָ, יְיָ צוּרִי וְגֹאֲלִי:

Canción para las Ascensiones: Alzo mis ojos a las montañas — ¿De dónde vendrá mi ayuda? Mi ayuda vendrá de Adonái, Hacedor del cielo y la tierra. El no permitirá que resbale tu pie; tu guardián no dormita. En verdad, el Guardián de Israel no dormita ni duerme. Adonái es tu guardián; Adonái es tu sombra protectora a tu diestra. El sol no te dañará de día, ni la luna de noche. Adonái te guardará de todo mal; El guardará tu alma. Adonái cuidará tu ida y tu venida desde ahora y para siempre. 3


שִׁיר לַמַּעֲלוֹת, אֶשָּׂא עֵינַי אֶל הֶהָרִים, מֵאַֽיִן יָבוֹא עֶזְרִי: עֶזְרִי מֵעִם יְיָ, עֹשֵׂה שָׁמַֽיִם וָאָֽרֶץ: אַל יִתֵּן לַמּוֹט רַגְלֶֽךָ, אַל יָנוּם שֹׁמְרֶֽךָ: הִנֵּה לֹא יָנוּם וְלֹא יִישָׁן, שׁוֹמֵר יִשְׂרָאֵל: יְיָ שֹׁמְרֶֽךָ, יְיָ צִלְּךָ עַל יַד יְמִינֶֽךָ: יוֹמָם הַשֶּֽׁמֶשׁ לֹא יַכֶּֽכָּה, וְיָרֵֽחַ בַּלָּֽיְלָה: יְיָ יִשְׁמָרְךָ מִכָּל רָע, יִשְׁמֹר אֶת נַפְשֶֽׁךָ: יְיָ יִשְׁמָר צֵאתְךָ וּבוֹאֶֽךָ, מֵעַתָּה וְעַד עוֹלָם:

Alabad a Dios. Alabad a Dios en Su santidad, alabadlo en el firmamento de Su poder. Alabadlo por Sus poderosos actos; alabadlo conforme a Su abundante grandeza. Alabadlo con el son del shofar; alabadlo con arpa y lira. Alabadlo con pandero y danza; alabadlo con instrumentos de cuerda y flauta. Alabadlo con platillos resonantes; alabadlo con platillos altisonantes. Que todo ser que tiene alma alabe a Dios. Alabad a Dios. 4


הַלְלוּיָהּ, הַלְלוּ אֵל בְּקָדְשׁוֹ, הַלְלֽוּהוּ בִּרְקִֽיעַ עֻזּוֹ: הַלְלֽוּהוּ בִּגְבוּרֹתָיו, הַלְלֽוּהוּ כְּרֹב גֻּדְלוֹ: הַלְלֽוּהוּ בְּתֵֽקַע שׁוֹפָר, הַלְלֽוּהוּ בְּנֵֽבֶל וְכִנּוֹר: הַלְלֽוּהוּ בְּתֹף וּמָחוֹל, הַלְלֽוּהוּ בְּמִנִּים וְעֻגָב: הַלְלֽוּהוּ בְּצִלְצְלֵי שָֽׁמַע, הַלְלֽוּהוּ בְּצִלְצְלֵי תְרוּעָה: כֹּל הַנְּשָׁמָה תְּהַלֵּל יָהּ הַלְלוּיָהּ:

Nuestros Sabios enseñaron: Quien ve el Sol en su clímax debe decir “Bendito el que restablece la obra de la Creación” ¿Y cuando ocurre esto? Abaie dice: cada 28 años, cuando el ciclo comienza de nuevo, y el mes equinoccio de Nisan cae en Saturno, en la víspera de un martes, entrando en miércoles. . 5


תָּנוּ רַבָּנָן: הָרוֹאֶה חַמָּה בִתְקוּפָתָה, אוֹמֵר בָּרוּךְ עוֹשֵׂה בְרֵאשִׁית. וְאֵימַת הֲוֵי? אָמַר אַבַּיֵי: כָּל כ"ח שְׁנִין, וַהֲדַר מַחֲזוֹר, וְנָפְלָה תְּקוּפַת נִיסָן בְּשַׁבְּתָאִי, בְּאוּרְתָּא דִתְלַת, נַגְהֵי אַרְבַּע:

Para el Director del Coro; un canto con música instrumental; un Salmo. Dios tenga gracia con nosotros y nos bendiga, que haga resplandecer Su semblante sobre nosotros para siempre; para que sea conocido Tu camino en la Tierra, Tu salvación entre todas las naciones. Las naciones Te alabarán, Dios, todas las naciones Te alabarán. Las naciones se alegrarán y cantarán jubilosamente, pues Tú juzgarás a los pueblos con justicia y guiarás a las naciones de la tierra para siempre. Los pueblos Te alabarán, Dios, todos los pueblos Te alabarán, pues la tierra habrá rendido su fruto y Dios, nuestro Dios, nos bendecirá. Dios nos bendecirá; y todos, desde los más remotos rincones de la tierra, Le temerán. 6


לַמְנַצֵּֽחַ בִּנְגִינֹת מִזְמוֹר שִׁיר: אֱלֹהִים יְחָנֵּֽנוּ וִיבָרְכֵֽנוּ, יָאֵר פָּנָיו אִתָּֽנוּ סֶֽלָה: לָדַֽעַת בָּאָֽרֶץ דַּרְכֶּֽךָ, בְּכָל גּוֹיִם יְשׁוּעָתֶֽךָ: יוֹדֽוּךָ עַמִּים אֱלֹהִים, יוֹדֽוּךָ עַמִּים כֻּלָּם: יִשְׂמְחוּ וִירַנְּנוּ לְאֻמִּים, כִּי תִשְׁפֹּט עַמִּים מִישֹׁר, וּלְאֻמִּים בָּאָֽרֶץ תַּנְחֵם סֶֽלָה: יוֹדֽוּךָ עַמִּים אֱלֹהִים, יוֹדֽוּךָ עַמִּים כֻּלָּם: אֶֽרֶץ נָתְנָה יְבוּלָהּ, יְבָרְכֵֽנוּ אֱלֹהִים אֱלֹהֵֽינוּ: יְבָרְכֵֽנוּ אֱלֹהִים, וְיִירְאוּ אוֹתוֹ כָּל אַפְסֵי אָֽרֶץ:

A nosotros incumbe alabar al Amo de todo, ensalzar al Creador de toda la existencia, porque no nos ha hecho como a [el resto de] las naciones del mundo, ni nos hizo ser como las [demás] familias de la tierra; no nos ha asignado una porción como la de ellos, ni una suerte como la de todas sus multitudes, pues éstas se prosternan ante la vanidad y la nada. Mas nosotros nos arrodillamos, prosternamos y ofrecemos alabanzas ante el supremo Rey de reyes, el Santo, bendito sea, que extiende los cielos y establece la tierra, que el asiento de Su gloria se encuentra en los cielos en lo alto, y que la morada de Su majestad está en lo más elevado de las alturas. El es nuestro Dios; no hay otro. En verdad, El es nuestro Rey; no hay nada fuera de El, tal como está escrito en Su Torá:’ Conoce este día y lleva a tu corazón que Adonai es Dios; en los cielos arriba y sobre la tierra debajo, no hay nada más. 7


עָלֵֽינוּ לְשַׁבֵּֽחַ לַאֲדוֹן הַכֹּל, לָתֵת גְּדֻלָּה לְיוֹצֵר בְּרֵאשִׁית, שֶׁלֹּא עָשָֽׂנוּ כְּגוֹיֵי הָאֲרָצוֹת, וְלֹא שָׂמָֽנוּ כְּמִשְׁפְּחוֹת הָאֲדָמָה, שֶׁלֹּא שָׂם חֶלְקֵֽנוּ כָּהֶם, וְגוֹרָלֵֽנוּ כְּכָל הֲמוֹנָם, שֶׁהֵם מִשְׁתַּחֲוִים לְהֶֽבֶל וְלָרִיק. וַאֲנַֽחְנוּ כּוֹרְעִים וּמִשְׁתַּחֲוִים וּמוֹדִים לִפְנֵי מֶֽלֶךְ מַלְכֵי הַמְּלָכִים, הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא. שֶׁהוּא נוֹטֶה שָׁמַֽיִם וְיוֹסֵד אָֽרֶץ, וּמוֹשַׁב יְקָרוֹ בַּשָּׁמַֽיִם מִמַּֽעַל, וּשְׁכִינַת עֻזּוֹ בְּגָבְהֵי מְרוֹמִים. הוּא אֱלֹהֵֽינוּ אֵין עוֹד, אֱמֶת מַלְכֵּֽנוּ, אֶֽפֶס זוּלָתוֹ, כַּכָּתוּב בְּתוֹרָתוֹ: וְיָדַעְתָּ הַיּוֹם וַהֲשֵׁבֹתָ אֶל לְבָבֶֽךָ, כִּי יְיָ הוּא הָאֱלֹהִים, בַּשָּׁמַֽיִם מִמַּֽעַל וְעַל הָאָֽרֶץ מִתָּֽחַת, אֵין עוֹד:

Y en consecuencia confiamos en Ti, Adonai nuestro Dios, que podarnos muy pronto ver el esplendor de Tu poderío, para desterrar la idolatría de la tierra — y los falsos dioses serán totalmente destruidos; para perfeccionar el mundo bajo la soberanía del Todopoderoso. Entonces toda la humanidad invocará Tu Nombre, para encauzar a Ti a todos los malvados de la tierra. Entonces todos los habitantes del mundo reconocerán y sabrán que ante Ti debe prosternarse toda rodilla, toda lengua debe jurar [por Tu Nombre]. Ante Ti, Adonai nuestro Dios, se inclinarán y prosternarán, y a la gloria de Tu Nombre darán honra; y ellos todos asumirán el yugo de Tu reinado. Que pronto reines sobre ellos por siempre jamás, pues el reinado es Tuyo, y por toda la eternidad reinarás Tú gloriosamente, como está escrito en Tu Torá: Adonai reinará por siempre jamás 8 Y está dicho: Adonai será Rey sobre toda la tierra; ese día Adonai será Uno y Su Nombre uno 9


וְעַל כֵּן נְקַוֶּה לְּךָ יְיָ אֱלֹהֵֽינוּ, לִרְאוֹת מְהֵרָה בְּתִפְאֶֽרֶת עֻזֶּֽךָ, לְהַעֲבִיר גִּלּוּלִים מִן הָאָֽרֶץ, וְהָאֱלִילִים כָּרוֹת יִכָּרֵתוּן, לְתַקֵּן עוֹלָם בְּמַלְכוּת שַׁדַּי, וְכָל בְּנֵי בָשָׂר יִקְרְאוּ בִשְׁמֶֽךָ, לְהַפְנוֹת אֵלֶֽיךָ כָּל רִשְׁעֵי אָֽרֶץ. יַכִּֽירוּ וְיֵדְעוּ כָּל יוֹשְׁבֵי תֵבֵל, כִּי לְךָ תִּכְרַע כָּל בֶּֽרֶךְ, תִּשָּׁבַע כָּל לָשׁוֹן. לְפָנֶֽיךָ יְיָ אֱלֹהֵֽינוּ יִכְרְעוּ וְיִפֹּֽלוּ, וְלִכְבוֹד שִׁמְךָ יְקָר יִתֵּֽנוּ. וִיקַבְּלוּ כֻלָּם עֲלֵיהֶם אֶת עוֹל מַלְכוּתֶֽךָ, וְתִמְלוֹךְ עֲלֵיהֶם מְהֵרָה לְעוֹלָם וָעֶד. כִּי הַמַּלְכוּת שֶׁלְּךָ הִיא, וּלְעוֹלְמֵי עַד תִּמְלוֹךְ בְּכָבוֹד, כַּכָּתוּב בְּתוֹרָתֶֽךָ: יְיָ יִמְלֹךְ לְעֹלָם וָעֶד: וְנֶאֱמַר: וְהָיָה יְיָ לְמֶֽלֶךְ עַל כָּל הָאָֽרֶץ, בַּיּוֹם הַהוּא יִהְיֶה יְיָ אֶחָד וּשְׁמוֹ אֶחָד:

samedi 4 avril 2009

KÖRANGAR alias KOJONAR





En las pesadillas que no describió Coleridge las imágenes se contentan de ser una sombra que al atardecer recorre la vasta Web en busca de títulos, palabras, y olores penetrantes, aun más fuertes que lo fuese la tinta sobre el papel.
Como suele ocurrir en los sueños, una ligera magnificación alteraba las cosas. Yo elogiaba autoridades, hablaba de los artistas de la plástica de los años ochenta, que tras un profundo periodo especial habían viajado, desaparecido del mapa, o agotado su maligna forma de lacerar una dictadura y se dulcifican en la desmemoria de sus contemporáneos y en el desencanto con sutiles obras, como si hubiesen muerto hace muchos años.

Bruscamente me aturdió un clamor de manifestación o de murga. Los tenia presentes, y mi cuerpo reaccionaba con un estremecimiento de adrenalina frente a su hermosa presencia. Duro poco el encuentro, debíamos hablar largo de causas, de efectos, de separaciones y búsquedas cuando alaridos humanos y animales llegaron desde el Bajo de mi blog.

Una voz gritó: “¡Ahí viene!” y después: “¡La Diosa! ¡La Diosa!”. Ninguno aplaudía, al contrario lloraban, eran la Diosa que volvía a visitarles en el destierro. Mis amigos venidos de los ochenta, agrandados por la tarima, la cabeza echada hacia atrás y el pecho hacia delante, dudaban frente a su presencia.



La diosa venia con cuatro o cinco individuos arrogantes. Uno sostenía una rama, que se conformaba, sin duda, a su amaneramiento; otro, en amplio ademán, extendía una mano que era una garra; una de las caras de habanero miraba con recelo el encovado pico de un carpintero. Tal vez excitado por nuestros aplausos, uno, ya no sé cuál, pero snob y pretencioso como todos ellos, prorrumpió en un cloqueo victorioso, increíblemente agrio, con algo de gárgara y de silbido. Las cosas, desde aquel momento, cambiaron.


Todo empezó por la sospecha (tal vez exagerada) de que La diosa y sus aduladores no sabían hablar, y menos escribir, y que cada una de mis palabras, registradas para invocar a los pintores, había sido robada. Sigilosos navegantes, avistados en lenguaje partieron a revisar el sacramento, y en efecto, punto por punto, aire y pretensión mi texto había sido trasladado al recinto sagrado de la diosa, al altar de la fauna más desfachatada del universo.



Medio siglo de vida fugitiva y farandulera había atrofiado en ellos lo humano; la luna de Yemaya y los girasoles de Chango habían sido implacables con esos prófugos. Frentes muy bajas, dentaduras amarillas, bigotes ralos de mulato o de chino, grasas abdominales descontroladas y belfos bestiales publicaban la degeneración de la estirpe olímpica.



Sus prendas no correspondían a una pobreza decorosa y decente sino al lujo malevo de los garitos y de los lupanares de las grandes capitales europeas. En un ojal sangraba una margarita, en un saco ajustado se adivinaba el bulto de una daga. Bruscamente sentimos que jugaban su última carta, que eran taimados, ignorantes y crueles como viejos animales de presa y que, si nos dejábamos ganar por el miedo o la lástima, acabarían por destruirnos.

Sacamos los ligeros teclados (de pronto hubo laptop y computadoras en el sueño) y alegremente apoyamos en ECHAP, dimos muerte a los Dioses y procedimos a lanzar el antivirus. Pero esta noche, cuídate, su sombra puede estar recorriendo tu blog.




‘La sombra de la muerte’ (1870), de William Holman Hunt, que forma parte de la exposición ‘La Sombra’, la primera gran monográfica dedicada a la representación de la sombra proyectada en el arte occidental desde el Renacimiento hasta nuestros días, formada por un total de 144 obras de más de un centenar de artistas, promovida por el Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid.

vendredi 3 avril 2009

Muerte de los dioses




RAGNARÖK

Jorge Luis Borges

En los sueños (escribe Coleridge) las imágenes figuran las impresiones que pensamos que causan; no sentimos horror porque nos oprime una esfinge, soñamos una esfinge para explicar el horror que sentimos. Si esto es así, ¿Cómo podría una mera crónica de sus formas transmitir el estupor, la exaltación, las alarmas, la amenaza y el júbilo que tejieron el sueño de esa noche? Ensayaré esa crónica, sin embargo; acaso el hecho de que una sola escena integró aquel sueño borre o mitigue la dificultad esencial.

El lugar era la Facultad de Filosofía y Letras; la hora, el atardecer. Todo (como suele ocurrir en los sueños) era un poco distinto; una ligera magnificación alteraba las cosas. Elegíamos autoridades; yo hablaba con Pedro Henríquez Ureña, que en la vigilia ha muerto hace muchos años. Bruscamente nos aturdió un clamor de manifestación o de murga.

Alaridos humanos y animales llegaban desde el Bajo. Una voz gritó: “¡Ahí vienen!” y después: “¡Los Dioses! ¡Los Dioses!”. Cuatro a cinco sujetos salieron de la turba y ocuparon la tarima del Aula Magna. Todos aplaudimos, llorando, eran los Dioses que volvían al cabo de un destierro de siglos. Agrandados por la tarima, la cabeza echada hacia atrás y el pecho hacia delante, recibieron con soberbia nuestro homenaje.



Uno sostenía una rama, que se conformaba, sin duda, a la sencilla botánica de los sueños; otro, en amplio ademán, extendía una mano que era una garra; una de las caras de Jano miraba con recelo el encovado pico de Thoth. Tal vez excitado por nuestros aplausos, uno, ya no sé cuál, prorrumpió en un cloqueo victorioso, increíblemente agrio, con algo de gárgara y de silbido. Las cosas, desde aquel momento, cambiaron.

Todo empezó por la sospecha (tal vez exagerada) de que los Dioses no sabían hablar. Siglos de vida fugitiva y feral habían atrofiado en ellos lo humano; la luna del islam y la cruz de Roma habían sido implacables con esos prófugos. Frentes muy bajas, dentaduras amarillas, bigotes ralos de mulato o de chino y belfos bestiales publicaban la degeneración de la estirpe olímpica.



Sus prendas no correspondían a una pobreza decorosa y decente sino al lujo malevo de los garitos y de los lupanares del Bajo. En un ojal sangraba un clavel, en un saco ajustado se adivinaba el bulto de una daga. Bruscamente sentimos que jugaban su última carta, que eran taimados, ignorantes y crueles como viejos animales de presa y que, si nos dejábamos ganar por el miedo o la lástima, acabarían por destruirnos.

Sacamos los pesados revólveres (de pronto hubo revólveres en el sueño) y alegremente dimos muerte a los Dioses.





RAGNARÖK

Jorge Luis Borges

En los sueños (escribe Coleridge) las imágenes figuran las impresiones que pensamos que causan; no sentimos horror porque nos oprime una esfinge, soñamos una esfinge para explicar el horror que sentimos. Si esto es así, ¿Cómo podría una mera crónica de sus formas transmitir el estupor, la exaltación, las alarmas, la amenaza y el júbilo que tejieron el sueño de esa noche? Ensayaré esa crónica, sin embargo; acaso el hecho de que una sola escena integró aquel sueño borre o mitigue la dificultad esencial.

El lugar era la Facultad de Filosofía y Letras; la hora, el atardecer. Todo (como suele ocurrir en los sueños) era un poco distinto; una ligera magnificación alteraba las cosas. Elegíamos autoridades; yo hablaba con Pedro Henríquez Ureña, que en la vigilia ha muerto hace muchos años. Bruscamente nos aturdió un clamor de manifestación o de murga. Alaridos humanos y animales llegaban desde el Bajo.


Una voz gritó: “¡Ahí vienen!” y después: “¡Los Dioses! ¡Los Dioses!”. Cuatro a cinco sujetos salieron de la turba y ocuparon la tarima del Aula Magna. Todos aplaudimos, llorando, eran los Dioses que volvían al cabo de un destierro de siglos. Agrandados por la tarima, la cabeza echada hacia atrás y el pecho hacia delante, recibieron con soberbia nuestro homenaje. Uno sostenía una rama, que se conformaba, sin duda, a la sencilla botánica de los sueños; otro, en amplio ademán, extendía una mano que era una garra; una de las caras de Jano miraba con recelo el encovado pico de Thoth. Tal vez excitado por nuestros aplausos, uno, ya no sé cuál, prorrumpió en un cloqueo victorioso, increíblemente agrio, con algo de gárgara y de silbido. Las cosas, desde aquel momento, cambiaron.

Todo empezó por la sospecha (tal vez exagerada) de que los Dioses no sabían hablar. Siglos de vida fugitiva y feral habían atrofiado en ellos lo humano; la luna del islam y la cruz de Roma habían sido implacables con esos prófugos. Frentes muy bajas, dentaduras amarillas, bigotes ralos de mulato o de chino y belfos bestiales publicaban la degeneración de la estirpe olímpica. Sus prendas no correspondían a una pobreza decorosa y decente sino al lujo malevo de los garitos y de los lupanares del Bajo. En un ojal sangraba un clavel, en un saco ajustado se adivinaba el bulto de una daga. Bruscamente sentimos que jugaban su última carta, que eran taimados, ignorantes y crueles como viejos animales de presa y que, si nos dejábamos ganar por el miedo o la lástima, acabarían por destruirnos.


Sacamos los pesados revólveres (de pronto hubo revólveres en el sueño) y alegremente dimos muerte a los Dioses.

mercredi 1 avril 2009

Nuevo viaje de La Peregrina




1ro de abril del 2009

Estimados amigos, colegas y usuarios:

Los invitamos cordialmente a visitar la nueva entrega de La Peregrina. Gracias por leernos!
Saludos,
Los Peregrinos


http://www.laperegrinamagazine.org, pueden


en el presente numero...


*A Reynaldo Arenas
Maya Islas

*Parto
Ernesto González

*Arte y Poesía
Margarita García Alonso

*Poema XXI
Alina Galliano

*De la Frágil Naturaleza
de lo Humano
Arquímedes Ruiz Columbié

Homenaje a Luis Angel Casas
María Eugenia Caseiro

*Una Llamada de atención
David Lago González

*Diario de Sudáfrica V
Mireya Robles

*El corazón del Rey
(Fragmento)
Félix Luis Viera

*Cubanoteca
Teresa Dovalpage

*Ignotas
Alex Schweg