"HAZzz" sexo con el muro de tu cocina



Pintar una casa es un acto de extrema violencia. Durante días estará usted encerrado en su interior y desplazará la geografía intima. Una mujer que diga, “yo asumo, cambio el color”, es de temer.

Hay que preparar los más mínimos detalles para la desestructuración y saber, que debe guardar fuerzas para después acomodar, rozar la armonía con lo que quede del destrozo.

Muchas casas francesas, sobre todo en la Normandía huelen a bibliotecas, están empapeladas y han sido calentadas al fuego durante inviernos. Si evitamos el olor a queso y con mucha imaginación, tras el espesor de muros, vive una leyenda.

Empecemos por mi cocina, la he decapado, puesta al desnudo, tras quitar seis papeles diferentes: amarillo; con florecitas; con tazas y platicos a relieve; blanco muy manchado; y una belleza de Liz, seguro que de un azul muy vivo. Cada capa de papel tiene cuerpo, espalda para proteger el muro, y pegamento.

Usted quitará lo que se ve, dejará sus uñas en la espalda y se pegará al resto. Es erótico lo sé, el papel tiene esa virtud de hacerme “orgasmar”.

Se conoce la superficie pero poco el muro, el espacio sólido que te protege del frío, y de la intemperie, la estructura donde duermes, escribes, lloras y piensas. El papel es la cara que te ve en el transcurso de años, la que se acuerda de aquel desayuno al alba, donde tu novio, el de entonces, derramó su leche. Es todo, pantalla y cine imaginado. Detrás, esa capa superficial de papel acumula la historia.

Quitar el papel parece tarea de tontos. Hablo de la primera capa. Luego se pega a los dedos el testimonio. Aparecen en la segunda piel números, alguien ha medido la superficie de tu mundo para apresarlo en otra capa; en la tercera encuentras frases, antes de depositar la nueva piel, el árabe, rumano, checo, polones…-hay que ser un exiliado para ejercer en los muros ajenos-, escribió sus iniciales, dejó un mensaje a su patria, a su novia lejana.

Sigues pasando la frontera, a golpe de cuchillo, rapadora, y agua, llegas al último papel, que no ofrece resistencia, es casi muro, casi arena de tiempo, y se deshace en tus manos, te ofrece sus poros.



Como un libro maltratado yace en el suelo el papel de muro; los papeles acumulados en charco de agua engomada. Es inútil tratar de rescatarlos para proteger el suelo cuando posas brochazos,- inusuales en una mujer moderada y conservadora de instintos salvajes-; lo que te ha costado horas elevar, se abrochará con toda su alma a tus pies y, otra vez, deberás gratar mosaicos.

Cuando encierras los papeles en una bolsa, sabes que todo ha cambiado. Le has arrebatado a tu hábitat la costra y estas cansada, pero limpia de pecados. Todo lo que venga tendrá cara nueva.

Es que será el método correcto para echar cal, a un lado el cemento, a un amor de amores de amor que esperaste y amor que llegó y amor que te defraudó? Se parece en el cuento, hay violencia, y pasión. Si tu sexo está que mete miedo de tanto pedir sin que le den nada, desquítate, araña muros y que te den consuelo.

Me dirán, pero es más fácil con un consolador, o el vecinito que te chifla al pasar. Si, pero esos no dejan de ser accesorios y estoy hablando de cambios.

Has pasado por terremotos interiores, tusamis y desalientos, hasta lamentas la suerte de haber comenzado; pero ahora tienes que escoger un color, determinar el golpe del pincel, olvidar el papel, ser.



Esto de pintar es un arte masculino, establecido con normas anti- feminidad y que debes cambiar, en apenas tres horas de pintadera sostenida. Ser pintora de cuadros me ha resultado de poco merito. No hay razones para tener que quitar los tomacorrientes, cuando pueden sostener cualquier color y esconderse en la pared. Ya no vivimos en la época en que era importantísimo para el bombero entrar y saber, inmediatamente, donde estaba la prisa.

Lo del color uniforme es también de machos; un degradado de azules, hace de un muro el cielo. Pero hay que osar, dejar al visitante inoportuno con ese “voyons, margarita”, que en traducción literal significa, “veamos, margarita”, pero en realidad viene con peros y consejos, algo así como “metiste la pata, niña, no sabias que…”

Muchos objetos se han deteriorado, diríamos que de forma intencionada, pues guardaste con sumo cuidado la tacita con el asa rota de una mañana de dos en la mesa, y, sin embargo, el plato de Maripinta, la metepuñetas a la hora, ay, ese se ha manchado y saldrá a pasear al basurero.

Todo volverá a entrar en “cierto” orden,-absurdo pensar que después que se ha llegado no vale la pena intentar la diferencia- ese equilibrio entre papel, muro, pintura , objeto necesario, decoración, que te ha dictado, tu capa más profunda.

No será del color naranja, ni tendrá el ribete dorado, pero ya sabes hasta donde te llegó la fuerza, donde cogiste el segundo aire, y, sin darte cuenta, la casa, ahora tuya, te ha trasformado.

Una mujer que pinta su casa tiene deseos de saldar cuentas, de amor, de espacio agradable, de menos contaminación, y es de temer.

Todo ha cambiado, las tripas y la mirada.

Ahora  comienzo a pintar el cuarto….

Commentaires

Anonyme a dit…
me encanta verte con tacones altos
Anonyme a dit…
Genial,pero genial de los geniales, escribes como una grande, chiquita y la historia, despues que sé que es verdad que pintas tu cocina, me ha dejado completamente en la reflexion. Ya quisiera yo, cuando tengo que hacer "mis deberes" tener esa imaginacion. Genial, para publicar en cualquier buena editora.
Carlos Alberto a dit…
Margarita:

Sí, tiene razón Anaisis, escribes muy bien. Tienes en tus manos, en tus dedos, en tus uñas, en tu alma, el preciado don de la palabra.

Todo lo que ustedes quieran, sí señor (dijo Pablo Neruda) pero son las palabras las que suben y bajan. Me prosterno ante ellas. ¡Amo tanto las palabras!

Que sigas bien.
Soligregario a dit…
He pintado contigo la casa, hasta me he quedado extenuada, fotos y texto me han estimulado el morbo
-en el mejor sentido de la palabra- no hay nada como las obras bien hechas, apetitosas, comestibles y digeribles, y si interviene el color, para mi está completo el manjar.
Un gusto leerte, querida amiga.
Karin
Puchungurria a dit…
oh my... amiguita, que bueno esta esto de la pintadera, si eh, jajajajja, rebuenisimo, ademas de todo lo que han dicho los colegas debo decirte que me haz hecho reir a carcajada, no se porque, quizas estoy estresada y esta lectura me vino de maravilla.
Saludos del delfin.
Anonyme a dit…
Hola Margarita:
me encanta leer en tu blog, me hace sentirte y oírte al lado rezongando por el trabajo. Haces muy bien de pintar tu casa eso es por que necesitas ver plasmado ese cambio de vida y color que llevas dentro.
Animo que tu puedes con todo, te estas dando cuenta que lo que te propones lo consigues.
Espero que me enseñes tu cocina recien pintada de naranja o verde.

Besos para ti y para Laura.
mª jesús
Gracias a todos,se hace lo que se puede, dando palos al burro.

gracias.

Carlos es un honor. Karin es maravilloso tenerte; Anaisis bienvenida; Puchungurria y su delfin de azules contra la nieve, se te piensa y mariajesu se te quiere.
son muy bonitas y estimulantes sus palabras....
Anonyme a dit…
Linda debe estarte quedando. Lo necesitas, tú eres muy visual (algo inusual y especial en una mujer porque casi todas las demás son "audientes"). Me da lástima con la cocina porque la decapaste, y a los felinos machos eso nos hace tontos y obesos. Bella foto, todos seguiremos pintanto contigo.
Bisous.
Anonyme a dit…
Sabes...
En un taller de creación literaria en la Habana, recuerdo que el profe decía constantemente: huir de los adjetivos.
Pero coño... lo médicos también dicen que hay que huir de las grasas, de la carne de puerco, del ron, del helado de chocolate...
Hay adjetivos que deberíamos pronunciarlos más... hay uno especialmente que me gusta mucho: rico. Ese adjetivo me pone la piel como si fuera un sembrado de ajos.
Entonces...haciendo caso omiso de las indicaciones de mi profe del taller y de los medicos, y del consejo de seguridad de las naciones unidas te voy a decir que tienes una risa mas rica que el carajo... que tu risa salió de mi telefonito y fue a parar a todos los rincones de mi cuerpo... que rico te ríes!!.
Te mando un cuento!!... "cualquier parecido con situaciones reales... juro que es pura coincidencia..."

besos y más besos... por si se quedan trabados en el canal de Panamá...
jm

Un Quijote de otra tierra.
Creo que hemos sido muchos los Quijotes. Tantos como Mancos de Lepanto hubieran existido para narrarnos. Acaso tú que me lees ahora, ¿no has sentido entre las piernas el lomo de Rocinante? ¿Y no la has emprendido a dentelladas contra los molinos de tu tiempo?
Pues te cuento que cierta vez me vestí de caballero y vino Don Miguel a dibujarme, porque los que aprenden a hablar después de muertos, ya nunca quieren callarse.
Pero... ¿qué has entendido?
No hombre para nada. Si me muero de envidia por aquel cinco dedos que ahora mismo desde el polvo nos sigue obligando a sonrisas y caviles. Además será un homenaje, porque creo que le hubiera encantado escribir mi cuento:
La seguridad social de mi país me asignó una pensión de por vida de ciento setenta y cinco pesos mensuales. Dijeron que me aseguraría una vejez digna después de haber pasado veinticinco años sirviendo como oficial del ejército. Hablando castellano ese dinero representa unos cinco coma ochenta y tres euros, que en la práctica sirven para comprar un litro de leche, cuatro jabones de ducharse y una camiseta de las malas; ó nueve maquinillas de afeitar, dos hamburguesas y una crema helada; ó una botella de Ron Varadero y un paquete de perros calientes.
Entonces me di cuenta que a punto de finalizar mi vuelta cincuenta y cinco alrededor del Sol estaba ante una disyuntiva: o me afeitaba o me emborrachaba o pasaba hambre en las calles de mi cuidad hasta que viniera a buscarme la guadaña para que se acabaran mis enfados.
Como no me gustaron las expectativas tomé lanza, escudo y yelmo y me vine a España sin Rocinante, sin Sancho y sin nada.
Azoré el penco con unos ahorros que tenía y compre un ordenador. Conseguí una línea negra de Internet y les escribí a más de doscientas personas, tratando de encontrar una mujer que se casara conmigo y obtener un permiso del Gobierno para irme a La Mancha. Pero Quijote no es embustero ni falso, ni quería huir de sus desgracias jugando con sentimientos ajenos, así que me propuse chiflar y sacar la lengua: enamorarme y hacer cuentas.
Un buen Día me respondió una tal Dulcinea del Tobozo, mujer inteligente y necesitada de afectos, con palabras propias y sueños. Si se tiene en cuenta que en un mensaje de correo electrónico se escriben ciento cincuenta oraciones de promedio, se podrá entender que en tres meses hablamos del vuelo de las garzas, el frío en Los Pirineos entrado el mes de Mayo, el estremecimientos de una caricia en el cuello y el número de zapatos que calzaba Napoleón Bonaparte. Poco a poco los temas se fueron desenlazando y un día nos sorprendimos escribiendo de las ganas que teníamos de cerrar una bendita puerta y quedarnos encuero. Así que Dulcinea no aguantó más y fue a ver si su Quijote era de carne y hueso o un invento de Bill Gate para ilusionar mujeres. Hasta que por fin nos vimos.
Fueron días de espantar caballos y soltar tojositas en El Valle de Viñales, al occidente de la Isla. Horas con minutos y todo para meter en el juego los sentidos y a la imaginación darle vacaciones. Olor de sudores compartidos, sabor a sal en la bifurcación del camino, aleteo de miradas y el tono de las voces, con la fuerza que tienen las palabras de los enamorados. Y cuando llegó la hora de los compromisos, porque Quijote soy todo un caballero, le pusimos un segundo plazo a la locura en el salón de un aeropuerto con fecha de boda y lagrimas de las buenas. Como si de entonces en adelante los meses ya no siguieran siendo de treinta días sino de horas interminables, adivinando detrás de un monitor los ojos del otro y un azul diferente empapando los potreros.
Y los granos de arena del reloj siguieron haciéndose una pilita de sueños hasta que el chirrido de los cascos de un avión hizo de nuevo el conjuro de camborios y toreros.
Quiso Dulcinea esta vez ponerle un sello a su decisión y se hizo acompañar por un mozalbete blancuzco y bonachón, que doce años atrás le había dejado en el vientre uno de sus amores imposibles. Así sabrán que es mujer digna de caballero.
Ella de novia blanca ante el notario por primera vez en su vida y yo de caballero andante, como es mi abolengo y hubo fiesta de amigos y mezcla de alegrías y tristezas. Y es que enternece ver a dos envueltos en ese papel de regalo, tan fugaz como el tiempo de una ardilla en una rama.
Y otra vez las calles bombardeadas de miseria, de mi ciudad subdesarrollada, nos vieron pasar en Rocinante alquilado en el mercado subterráneo, de fabricación rusa, para que costara menos, retando esas noches que no habrá quien nos robe. Como si no hubiera cosa más segura en el mundo que la palabra siempre, ni más absurda que no se puede. Dejando las plazas vacías cada vez que nos mirábamos, fabricando mundos de palmolive con cañas de fruta bomba.
Hasta que tocaron las doce campanadas y la barriga de un dinosaurio se tragó a Dulcinea con hijo y todo una noche de aeropuertos.
Entonces empezó una singular batalla de Quijote contra un caballero tenebroso de la tabla redonda de su tierra, llamado burocratismo. No aparece el papel adecuado para hacer un pasaporte; cada día hay mil desesperados queriendo ver al Cónsul español, como si fuera Sancho en la Isla Barataria. Es requisito indispensable para pertenecer a las autoridades migratorias ser sordo de cañón para no entender razones de nadie.
Mientras Dulcinea sufre embates de otros aliados: dice Desconfianza que todavía estás a tiempo, que Quijote es un viejo. ¡Y tú tan joven y guapa, que poco te quieres!
Al otro lado del mundo también alumbran las dudas y la soledad impera.
Así que una tarde que regresaba maltrecho y adolorido de mis batallas encontré un mensaje en el ordenador con dos palabras: no vengas. Y me quedé tan tieso como la lanza, sin resuello ni verbo. Esa noche la pasé con los ojos encaramados y las entendederas embotadas por el miedo. Cuando el Sol salió creí que era un milagro, pero a esas alturas ya tenía otra estrategia. Le escribí un largo pergamino a mi amada donde lejos de mal decirla la mimaba. Y al final como para juzgar está Dios, le dije que la compadecía porque se había dejado vencer por los miedos. Los Hidalgos sabemos que es el enemigo más peligroso que tienen las cosas buenas. Y a partir de ese momento supe que la lucha arreciaba.
Así fue como llegué compuesto de Caballero Andante a la tierra de mi bisabuelo, estremecido por la brisa de un abril desconocido, mucho más frío que a los que estoy acostumbrado en el clima y los ojos de la gente, sin saber donde guarecerme de la próxima madrugada, sin escudero, ni dama.

Un abril que se ha olvidado de los viejos, porque quien ande por estos parajes con el pellejo arrugado sabe que el marketing ha dictado una sentencia: siéntese en sillón de mimbre o en el suelo a esperar la partida. Si logró guardar en el granero algo de trigo y cebada, comerá pan.
En dos días supe que los empresarios a Dios le llaman Euro, y que hay pocos que miran las palomas. Por supuesto que también he encontrado amigos. Vamos, que nadie ha visto jamás una moneda con una sola cara. Tan altruistas que te sorprenden una mañana ofreciéndote las lechugas de su huerta, o dándote la oportunidad sin par de que los quieras,
Así que como nadie me estaba esperando me di la bienvenida con redoblantes y todo. Solo Don Miguel iba a mi vera sujetando el cuaderno con su miembro mutilado y haciendo garabatos. Él y yo sabemos cual es el premio de ganarle batallas al viento. Nos damos cuenta que donde quiera que llegue un Caballero habrá molinos esperando y Dulcineas para alzar el vuelo.
Fin

Articles les plus consultés