samedi 31 janvier 2009

Pase el susto



Ya pasé el susto. Llegué a la media rueda y comencé el descenso imperceptible, pero descenso al fin. A secas: tengo una hija que proyecta luz; publiqué dos libros, e hice muchísimos cuadros y exposiciones; se me han muerto dos amantes; pasé el abismo y hallé el amor de mis esperas con el cráneo roto, pero fue solo visión de ángel; me enamoré de una ciudad: Madrid, donde hice amigas para llevar en la piel y acordarme lo que fue antes; perdí a mi gato Wiczy; desde hace una quincena de años no veo a mi madre y se han muerto mi abuelito , tías y un censo interminable de no exiliados; el mismo que estaba en el poder cuando nací sigue “dicta-destruyendo” en la isla; empiezo a poner orden en mis papeles; mi casa es un espacio ideal para conversar conmigo; mantengo correspondencia con un poeta loco de verso acido y un amigo con el que podría escapar a un fragmento de los tiempos, aun abro blogs sin que tengan cabeza, ni me muestren y visito fincas virtuales; constato que hay un clan de mujeres poetas en las sombras de la web y, sigo con el culo al aire, haciendo lo que me da la gana.Gracias por recordarme el puente. Bienvenidos a la otra mitad.

dimanche 25 janvier 2009

Para mi abuelito Gerardo

ROSE "Ciao Bella"




DAME LA MANO,PERO NO ME TOQUES



El mundo es un espejismo, el autista te mira desde el espejo y quizás no ve tu físico
pero capta como una esponja tu sentir.
La sociedad - sus normas- una cáscara rota.
Limitarse a seres “oficialmente normales”, fuertes, seguros, triunfadores, un absurdo.
Lea este artículo,- Léanlo como un credo , como un poema y pedido personal- del blog que Zurama ha dedicado a su hijo Mickie, pero sobre todo
de la mano a “los humanos diferentes”.


Qué nos pediría un Autista?
Según el Doctor Ángel Rivière, Psicólogo Cognitivo:

"Ser autista es un modo de ser, aunque no sea el normal. Mi vida como autista puede ser tan feliz y satisfactoria como la tuya "normal"

1.- Ayúdame a comprender. Organiza mi mundo y facilítame que anticipe lo que va a suceder. Dame orden, estructura, y no caos.

2.- No te angusties conmigo, porque me angustio. Respeta mi ritmo. Siempre podrás relacionarte conmigo si comprendes mis necesidades y mi modo especial de entender la realidad. No te deprimas, lo normal es que avance y me desarrolle cada vez más.

3.- No me hables demasiado, ni demasiado deprisa. Las palabras son "aire" que no pesa para tí, pero pueden ser una carga muy pesada para mí. Muchas veces no son la mejor manera de relacionarte conmigo.

4.- Como otros niños, como otros adultos, necesito compartir el placer y me gusta hacer las cosas bien, aunque no siempre lo consiga. Hazme saber, de algún modo, cúando he hecho las cosas bien y ayúdame a hacerlas sin fallos. Cuando tengo demasiados fallos me sucede lo que a tí: me irrito y termino por negarme a hacer las cosas.

5.- Necesito más orden del que tú necesitas, más predictibilidad en el medio que la que tú requieres. Tenemos que negociar mis rituales para convivir.

6.- Me resulta difícil comprender el sentido de muchas de las cosas que me piden que haga. Ayúdame a entenderlo. Trata de pedirme cosas que puedan tener un sentido concreto y descifrable para mí. No permitas que me aburra o permanezca inactivo.

7.- No me invadas excesivamente. A veces, las personas sois demasiado imprevisibles, demasiado ruidosas, demasiado estimulantes. Respeta las distancias que necesito, pero sin dejarme solo.

8.- Lo que hago no es contra tí. Cuando tengo una rabieta o me golpeo, si destruyo algo o me muevo en exceso, cuando me es difícil atender o hacer lo que me pides, no estoy tratando de hacerte daño. ¿Ya que tengo un problema de intenciones, no me atribuyas malas intenciones!

9.- Mi desarrollo no es absurdo, aunque no sea fácil de entender. Tiene su propia lógica y muchas de las conductas que llamáis "alteradas" son formas de enfrentar el mundo desde mi especial forma de ser y percibir. Haz un esfuerzo por comprenderme.

10.- Las otras personas sois demasiado complicadas. Mi mundo no es complejo y cerrado, sino simple. Aunque te parezca extraño lo que te digo, mi mundo es tan abierto, tan sin tapujos ni mentiras, tan ingenuamente expuesto a los demás, que resulta difícil penetrar en él. No vivo en una "fortaleza vacía", sino en una llanura tan abierta que puede parecer inaccesible. Tengo mucha menos complicación que las personas que os consideráis normales.

11.- No me pidas siempre las mismas cosas ni me exijas las mismas rutinas. No tienes que hacerte tú autista para ayudarme. El autista soy yo, no tú!

12.- No sólo soy autista. También soy un niño, un adolescente, o un adulto. Comparto muchas cosas de los niños, adolescentes o adultos a los que llamáis "normales". Me gusta jugar y divertirme, quiero a mis padres y a las personas cercanas, me siento satisfecho cuando hago las cosas bien. Es más lo que compartimos que lo que nos separa.

13.- Merece la pena vivir conmigo. Puedo darte tantas satisfacciones como otras personas, aunque no sean las mismas. Puede llegar un momento en tu vida en que yo, que soy autista, sea tu mayor y mejor compañía.

14.- No me agredas químicamente. Si te han dicho que tengo que tomar una medicación, procura que sea revisada periódicamente por el especialista.

15.- Ni mis padres ni yo tenemos la culpa de lo que me pasa. Tampoco la tienen los profesionales que me ayudan. No sirve de nada que os culpéis unos a otros. A veces, mis reacciones y conductas pueden ser difíciles de comprender o afrontar, pero no es por culpa de nadie. La idea de "culpa" no produce más que sufrimiento en relación con mi problema.

16.- No me pidas constantemente cosas por encima de lo que soy capaz de hacer. Pero pídeme lo que puedo hacer. Dame ayuda para ser más autónomo, para comprender mejor, pero no me des ayuda de más.

17.- No tienes que cambiar completamente tu vida por el hecho de vivir con una persona autista. A mí no me sirve de nada que tú estés mal, que te encierres y te deprimas. Necesito estabilidad y bienestar emocional a mi alrededor para estar mejor. Piensa que tu pareja tampoco tiene culpa de lo que me pasa.

18.-Ayúdame con naturalidad, sin convertirlo en una obsesión. Para poder ayudarme, tienes que tener tus momentos en que reposas o te dedicas a tus propias actividades. Acércate a mí, no te vayas, pero no te sientas como sometido a un peso insoportable. En mi vida, he tenido momentos malos, pero puedo estar cada vez mejor.

19.- Acéptame como soy. No condiciones tu aceptación a que deje de ser autista. Sé optimista sin hacerte "novelas". Mi situación normalmente mejora, aunque por ahora no tenga curación.

20.- Aunque me sea difícil comunicarme o no comprenda las sutilezas sociales, tengo incluso algunas ventajas en comparación con los que os decís "normales". Me cuesta comunicarme, pero no suelo engañar. No comprendo las sutilezas sociales, pero tampoco participo de las dobles intenciones o los sentimientos peligrosos tan frecuentes en la vida social. Mi vida puede ser satisfactoria si es simple, ordenada y tranquila. Si no se me pide constantemente y sólo áquello que más me cuesta. Ser autista es un modo de ser, aunque no sea el normal. Mi vida como autista puede ser tan feliz y satisfactoria como la tuya "normal". En esas vidas, podemos llegar a encontrarnos y compartir muchas experiencias.


http://autismoporinyeccion.blogspot.com/


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jeudi 22 janvier 2009

La “insufladora” de Zeppelines



Esta mañana, hablando con una amiga, me di cuenta que he llegado a anciana.
No fue la poesía, fue el vivir poéticamente- más en el riesgo que en el libro- lo que hace que esta especialista en recaídas y destrozos amorosos, cuente experiencias.

Los amores lejanos se incrustan bajo las uñas y raspan, hieren hasta las pestañas. Son la plenitud, los curanderos de esperas, los dictadores de imprudencias, la reconciliación con el niño que abandonamos cuando quisimos aparentar adultez, pues pones, diríamos la naranja, y casi la piña, incluyendo la guayaba en el plato.

Imaginas un amor a distancia y te respondes lo que deseas en el noventa y nueve por ciento de los casos. Si constatas, físicamente, su presencia, la magia abre cavernas.

Yo tuve uno así, y recientemente.

Era un Zeppelin sobre mi cabeza y no podía ni respirar en la habitación. El Zeppelin desafiaba la gravedad del cuarto y yo zozobraba, mi corazón se adaptaba al vuelo y mis pulmones le regalaban el aire para que nunca bajara.

Y me largué a vivir con él, dos años en Madrid.

Entonces empezó lo bueno, hasta recostarme a su lado era orgásmico y amanecer, - hay un pero, ese pero que lastima- era aterrador. Por él dejé casa, hija, pintura, poesía, me dejé –amigas poetas dan fe- y me salio muy mal el viaje y las alturas que un zeppelín –insuflado por mi misma-puede alcanzar.

Tanto que se convirtió en talismán. Fue y es mi amor presagio. Mis ojos que siguieron sus desplazamientos en un pequeño cuarto, oteaban sin cesar sus gestillos, grababa para este momento futuro sus furias, desánimos, y aleatorias recompensas.

Ahora me acompañan, ahora que me he devuelto a mí, soy la ladrona que acumula más tesoros amorosos de la humanidad.



Regresé de Madrid tranquila, pues eché en la baraja su carta de riesgos, la carta donde fui única, la amante que cree, la que encontró. Y mira que Celine me había informado que no se debe rozar al amor. El no estaba preparado para tal regalo, y ni se le ocurriría pedirlo. Los hombres necesitan una resistencia, semejante a una brizna de desprecio, para reaccionar.

No quiero regalarle mi vejez, le libero de mi muerte y de mi imposibilidad cotidiana de tragarme poemas, de convertir el horizonte en su cuerpo tendido, de ser la testigo y admiradora de un sueño: fundirme con el zeppelín y saber que existe el amor por el que se joden los preceptos.

Le tuve, él no me ayudaba a creerlo. Me diseminé en sus poros, le escancié y morí. Por eso quité Madrid. Es la única forma de pasar a otra cosa.

El reconocía que yo andaba en naufragios e hizo lo necesario para que acabara mi fiebre. Me hizo un grabado de “mujer normal” y el hechizo me deshizo en fragmentos.

El animal que llevo dentro, me aconseja siempre de no romper, ni comenzar relaciones a distancia. Pero fue nuestro principio. En una “gare”-suena mas intenso que estación de trenes- le vi por primera vez, con su desgarrón bajo el ojo izquierdo, y zozobré. No tuve miedo a la altura de las olas, a mis cortas brazadas. Nadaría como una perrita hasta donde fuera posible.

Me libero de miedos.

Puede existir un amor más grande que el que inventas y esperas? Puede alguien asumir tal responsabilidad? Estamos en la época de caballeros y damas que te salvan de ti misma?



No hubo confusión. Como si me quisiera mucho, deje de escribir, de pintar, y supe, aunque les cause envidia, que es amar. Ya era hora, edad y experiencia tengo.

Lo que sucede es siempre muy enigmático; es para saber algo de ti, para que aprendas, -y lo hice con los pies en el presente, en tierra, sin mareos.

Cuando le parecí muy estrecha en el concepto de la entrega, me abandono, nos abandonamos sin decir una palabra. Ninguna cabía. Hice el atropello de sacar su maleta a la puerta, le miré a los ojos, y regresé a los glaciares.

Zurciéndole la herida en la mejilla, acariciando su fino pelo, besándole los hombros, con la astucia de vieja que no sufre, sin que se diera cuenta, pero frente a frente, le dije adiós en la calle Velarde número 10, de Madrid, un cuatro de octubre de 2008.

Es como el duelo que nunca se hace, sin tener el cadáver, lo tengo dentro y le deje partir. Si aún le doy aire, si miro sus fotos se estremece mi globo. Cualquier invento es bueno en este país, donde la manada de lobos no come a los ancianos sin dientes.

Hagan lo que puedan en el momento en que están, para ganar en calma. Algún día, quizás, tengan “su talismán”, pero hay que creer mucho, ser capaz de apresar el aire, parirlo y merecerlo. Vale la pena mirar el mundo desde la altura, como diosas de las nubes. Las mujeres atamos Zeppelines desde pequeñas. Con un hilito.

Estoy para aliviarles. Mi nueva profesión es: sopladora de aire de zeppelines desde el Mar de la Manche.

mercredi 21 janvier 2009

PREOCUPACIONES-Instituto cubano de Letras y Artes del exilio- Proyecto













































































Creación del Instituto cubano de Letras y Artes del exilio- Proyecto

In articulosMargarita Garcia Alonso on 11 janvier 2009 at 10:16
Proyecto Creación del Instituto cubano de Letras y Artes del exilio
Creación del Instituto cubano de Letras y Artes del exilio que cense – no existe- y promueva a los creadores (del exilio) en las diferentes manifestaciones del Arte.
1. Creación de una Casa impresora que publique, divulgue y promueva las letras de los escritores en exilio.
2. Establecimiento de premios anuales y antologías que lleven el nombre de artistas/creadores desaparecidos en el exilio.
3. Creación de un equipo multidisciplinario que valore las obras tanto musicales, artes visuales, dramaturgia, etc, etc y reúna estas creaciones como Patrimonio cubano .
4. Creación de una Revista para el ensayo, la crítica y la promoción de libros.
5. Gestión para que los autores y artistas participen en festivales, Ferias del libro, conciertos, bienales. Apoyo financiero.
6. Convertir su propia sede en una plataforma de arte, con espacios y escenarios de presentación.
7. Establecer convenios con diversas Instituciones para Conferencias sobre Cuba, lejos del pensamiento único de La Habana.
8. Creación de una biblioteca de autores y obras, de fácil acceso público, que obligue a las instancias e Instituciones -Biblioteca nacional José Martí, Casa de las Americas, etc- a reconocer al creador como a su obra.
9. Creación de fondos para ayuda en caso de enfermedad de los creadores en exilio- es conocido que muchos mueren en condiciones espantosas y no cuentan para los gastos médicos o el entierro.
10. Creación de programas Tv, radio, en todos los medios lo cual se convertirá en una real fuerza contra el pensamiento dictatorial.
11. Rescatar el pensamiento diverso, la justicia, y la dignidad del artista cubano en exilio, apoyando obra y persona, como un bien sagrado de la isla y de la humanidad.
12. Establecer ciclos de conferencias y recitales en Universidades del mundo para los intelectuales en exilio.- No SOLO PARA LA IZQUIERDA, que es lo que sucede actualmente, incluso en la entrega de BECAS.
13. Establecer relaciones con mecenas y promotores de esta labor.
14. Solicitar oficialmente Ayudas –Grants- al gobierno de Estados Unidos , quien dedica enormes cantidades a Cuba, para que realmente se dediquen a la Cultura cubana y a las personas que han abandonado todo por la libertad.
Quedo a vuestra disposición para las discusiones de este Proyecto, y para que se establezca un calendario de rescate de autores y obras.
Los artistas y creadores en exilio ni siquiera han sido nombrados o sus nombres recogidos en una Institución oficial que les represente y trabaje en bien de las artes y Letras disueltas en el mundo.
9 de enero del 2009
Margarita García Alonso
91, Rue Hilaire Colombel,
76600 Le Havre, Francia
-ENVIADO A TODAS LAS INSTITUCIONES CUBANAS DEL EXILIO-






mercredi 14 janvier 2009

El SINDROME DE GROENLANDIA- MAOLA
















(FRAGMENTOS DE mi NOVELA AMARAR)

MAOLA

El síndrome de Groenlandia



A su espalda, una ráfaga de aire helado borra la traza. Las botas se adentran en el blando suelo y dejan agujeros para los conejos que inundarán la pradera en la próxima primavera. El talón tambaleante forma cráteres, como si ella tuviese un peso descomunal o fuera de una profundidad de abismo.

Se funde con el hielo. Si abriese los ojos sabría que está encerrada en un cuartillo pestilente a cigarro negro, en un edificio de bajo alquiler postrado en la esquina de una ciudad con las aceras cagadas por los perros.

Ha transcurrido un cuarto de siglo y comienza a desperezar. Una mirada al iglú convertido en colina del horizonte y decide acercarse a la temida aglomeración de casitas en madera donde cazadores, buscadores de pieles raras, y aduaneros cabreados, regidos por el espectro de un dictador, juegan una partida interminable de cartas, junto a hombres y mujeres que zurcen retazos de piel.

Maola entreabre los ojos rasgados y se arranca la epidermis de la mejilla. Indiferente, los ojos desmesurados frente a las luces. Está aterrada pues poco a poco es habitada por Marga, quien cobra forma ante el insistente zurcido de los inuitas. La noche comenzará en breve y las capas de pieles pesan; los abrigos no corresponden al clima más suave que invita a penetrar en la civilización, que abandonó quince años atrás para convertirse en silencio.

No recuerda cómo marchar sobre tierra y menos sobre piedras que aplanan una calle de asfalto negro, extendida en línea recta más allá del apreciable horizonte.

Los árboles espaciados, empercudidos de siena, escasez de hojas, se agrupan en un bosquecillo. Apenas ha marchado unos veinte metros y las rodillas flaquean bajo un pánico abrupto.












Maola se detiene jadeante y se esconde en los arbustos. Bastante ha andado, demasiado ha andado, para salirse de esa marea de noches, meses, lunes o sábados idénticos, de no ser, pero aún no esta preparada para escuchar voces humanas.

Quizás la noche le aconseje. Inútil de desvestirse de todas las pieles. No sabe si llegará a empuntar la callejuela o si volverá al país de las tinieblas, si volverá sin desearlo a pasar la frontera de ese lugar llamado Groenlandia.

-Tengo miedo – dice, mordiéndose las manos hasta sangrar.

Como una loba chupa el hilillo de sangre que corre a su muñeca. Alimentándose de su sangre, de ella, la única persona a quien hace confianza, pues sabe que es capaz de abandonarla sin darle una explicación.

La idea de partir a Groenlandia se instaló muy rápido. Marina estaba en abstracción. Jamás podría regresar a su tierra, los tótems la habían borrado definitivamente como ser nacido, los calmantes le volvían hilillo de baba en la comisura de los labios, nadie aparecía, el muerto se podría, el ángel había dimitido y su hija se defendía en una lengua desconocida.

Maola merodeaba con aire salvaje, en su interior se retorcía, y lanzaba arpones a su cervical, su nuca horadada provocaba un zumbido agudo en los oídos. Marina tiembla frente a su mirada. Si amansa su desesperación y espera que amaine el temporal, podrá llegar hasta un lugar civilizado.

Hierve agua y delante del humillo esta la soledad sin muros, el vacío total de una existencia sin manuscritos. El antártico que gana plaza. Maola se impuso y
desbarató las neuronas que la ligaban a cierta esperanza. Acuchillaba sin distinción las ideas, las esperas, los pedidos, la infancia, a la mujer, y gritaba su poderío.

El reinado de Maola comenzó. Tenía treinta años y un cansancio de mujer. Solo Maola, la no amansada le permitía sobrevivir.

Marina ha regresado con la misma rapidez que se fue. Un golpe seco la expulso del abrigo. Ningún humano fue capaz de tentarla a que volviese, nadie le ha podido cazar. En el bosquecillo Marina suelta sus cabellos untados de orine y sonríe. Se ha salido, ha renacido, aún no sabe que su piel se ha arrugado, sus mejillas caen desgajadas y si no define sus uñas es porque su vista habituada al blanco ha mermado, al punto de volverla ciega a los colores.

Si un aviador holandés no hubiese extraviado la correspondencia, jamás Maola hubiese
pensado que su país cambiaba después de su ausencia, y todos sus conocidos habían publicado libros, emigrado, tenido hijos, mientras el salón del té de su puerto en Matanzas desaparecía, dejando sin patio de conversación a los afiebrados.

Marina no ha estado lejos. Parapetada en la esquina de la última calle del mundo, con el corazón ocupado por un glaciar, rodeada de abedules enanos, musgos, líquenes que impedían montaran las ambiciones de sus contemporáneos, y el inusual estancamiento de aquella isla donde todo se desmorona para dar paso a un derrumbe mayor.

En dos enormes huesos de ballena ha dejado que la ventisca transcriba su destino. Marina dejó la poesía, dejo la palabra por obscena, por no aliviar sus ardores, ni encontrar la justeza al denunciar la violencia de su patria.

Acostada en la tundra, habitada por caribúes, recogía champiñones, avándanos, preparaba pedales, tallaba anzuelos y pescaba. El sol reluciendo en lo alto del cielo, a medianoche.

En esta zona de desproporcionada belleza, cuando a alguno le agarra un espíritu maligno o se siente perseguido por el mal ojo, opta por cambiarse el nombre. Maola está segura de despistar el maleficio y le da los ojos de los pescados crudos a su hija, quien los come como caramelos.

Pero el tiempo ha pasado. Maola no está contenta de su encierro dentro de una mujer loca. Quiere partir, quiere ayudar a otros en su recorrido por pasajes inhóspitos. Los perros comienzan a ladrar y la piel, el hígado de foca se deshacen. La niña en la travesía, en el kayak nombró a Marina, la interpeló por aquel nombre antiguo, enrareciendo el aire purísimo.

Un bloque de hielo se resquebrajó con resonancia de hierro. El frío exterior ha mermado considerablemente el fuego de su alma hacia el extenso glacial del miedo.

Miedo, miedo de caer entre los Hombres apresurados de llegar a cierto lugar. Miedode perder la dirección del igloo. Miedo de contar la deshonra que la llevo a esos parajes.

Miedo a escuchar a su paso, ahí va la loca. Miedo a los harapos, miedo a su miedo, a las miradas, a las palabras. Miedo a un poeta quien le regaló su muerte.

Miedo al temblor anunciador del vértigo. A la ventana entreabierta y al sol desvergonzado acariciando sus hombros. A las aceras en sombra; a los pasantes que ríen despreocupados, cuando algo puede acecharles……a los relojes suizos; a los relojes eléctricos que parpadean cuando se va el flujo; a la televisión que adormece el tiempo, al canapé confortable con su lienzo mal acodado y sus tripas sangrando por las pezuñas de los gatos… a la frase común deshabitada; a la insinuación, al desvarío. Miedo de escuchar, escuchándose.

Al monologo ignorante del susto. Al suicida que aplaza el día hasta que perfeccione al extremo el cierre de la cuerda. Miedo a la cuerda que amarra los pies, a la metáfora de los lazos del zapato que le recuerdan las cárceles donde no son permitidos.

Miedo a las escupías que dan sed y deshidratan. Miedo al vomito, a la sangre, a la esperma, a la orine, a la mierda que conoce mejor que ella los conductos,recovecos, interacciones entre el exterior y ese interior decorticado por los médicos, y los aparatos de resonancia magnética. Esa inmensa mierda en forma de nostalgia y ausencias de los exiliados.

Miedo al ciclón, no por el destrozo, miedo a su ojo calmado que cubre como un techo la cabeza asustada. Miedo al después cuando se aglomera, se acelera el movimiento, la reconstrucción.

Miedo a pasar por las aduanas donde extraños, desde peceras te visualizan al revés
en documentos de poco estima planetaria, de poca narración de causas. Miedo a esos
cuadros de aduana que suenan, chillan las llaves de la casa que has dejado atrás, a la que nunca regresarás y te dan la bienvenida al nuevo infierno.

Miedo al mediodía que se va rápido y al que está atrasado al preparar la cena que debe estar presta para cuando lleguen los humanos que incursionan oficinas, durante el santo día, entre inútiles recetas que les impiden de aprender la vida.

Miedo al ruido de una palabra que condene, juzgue, que marca.

Miedo al dentista disfrazado de mudo, espejo en mano, atareado en desenmarañar de la úvula las palabras, la lengua ensalivada y su asfixia de apestar a ajo. Miedo al líquido mentolado que transforma el aliento en cachorrillo domesticado, mientras el médico exige su cheque.

Miedo al beso que entrechoca los dientes,miedo a la mordida que no sangra y envenena los labios, quizás la última antes de que pase un tren expreso por tu mente y todo sea olvido, polvo de olvido, olvido de muerte.

Miedo a la muerte por la sorpresa de que no sea atroz ni enigmática. Solo un sueño y desilusiones permanentes. Este enorme miedo a padecer de miedo, tanta tarea, agobio, incertidumbre vana. Tanto cuento, como si no fuese un dejarse ir, un partir a dormir en el vientre de la madre. Un poco a poco abandonar el ruidoso, ambicioso, estremecido corazón que se va apagando hacia la noche silenciosa, infinita, plena de estrellas.

Miedo al día, nunca a la noche. Miedo al reflejo, nunca al puñal. Miedo de no contar con otro tributario ángel de este mismo mal llamado vida. Miedo a ser como todos y serlo e irse padeciendo la mediocridad como si fuese una fina espuela en la lucidez.

Miedo al comentario sobre el cáncer y no al humo que asciende, a la nicotina que amarilla el índice. Miedo a la escasez de tabaco en un día feriado, todos los estanquillos cerrados, o al bolsillo vacío.

Miedo a la tinta que gotea de la pluma y traza dibujos y presagios en la carta temblorosa de las verdades.

Miedo a borrar el olor a macho de cada amante inoportuno, de cada bandido que te arrebató un minuto. Miedo a confesar, públicamente, que es mejor la penetración osada de un dedo en cierta vagina hambrienta de golpes secos. Miedo al falo, casi temor a su ausencia y denunciarle por jugar ignorante de las letras que acompañan los ovarios.

Miedo al café del alba, a las llamadas telefónicas, al conocido que pregunta ¿qué haces el sábado? Y es para empantanarte durante horas con un sinnúmero de conflictos tribales de los que huyes a diario con una soledad importante.

Miedo a que se vea que tienes miedo o que tendrás en el minuto siguiente.Miedo al desespero, a la espera, a las filas de espera, a los grandes comercios. Miedo al fuego, al frío, a que se asemejen los sentidos y no sepas cuando duela.

Miedo a las luces blancas de los hospitales, sobre mercancía humana,bien empaquetada para los trepanadores de cráneo de todas las ideologías. Miedo a los aparcamientos subterráneos, al metro, a la caída en los rieles, al túnel que te traga.Miedo a la cabeza que da vueltas. A las piernas que flaquean, a la flojera de la angustia, al mal de cabeza, a la orden, el autoritarismo, a la sed que se extiende a la garganta.

Miedo al oculista, al proctólogo y su dedo, a mojarse en la consulta del ginecólogo, a que se vea que tiemblo, que vas a desmayar en una avenida donde demora el transporte común, el ordinario que te confunde con la marea.

Miedo a las corridas de toro, a las cacerías donde corre la sangre. Miedo a los viajes, nunca ir, más bien a no querer regresar. Miedo a la emoción que mueve arrítmicamente el corazón y palidece, sin saber, si compartes cabina con un terrorista que saltará junto a la carga mortal.

Miedo a la vejez, a los pesados, a la carencia, a la letra recomendada, a la falta de papel, tabaco, filtro para hacerme un cigarrillo donde chuparé el deshacer de los recuerdos.

Miedo a llamar a mi madre lejana y saber que ha muerto otro en la isla. Miedo a los mendigos que juzgan, a sus respiros que matan. Miedo a decir, a callar. A las buenas personas, a ser, no ser, a ganar, a perder. Un miedo totalizador que me hace invalida.

Miedo a los amigos que se acercan y se pierden de forma violenta. Miedo a mi vientre que se infla de aire, de agua, de excesos, de grasa, de semen, de embarazos vitales.

Miedo a la pulsión de muerte en cada balcón de un cuarto piso, en cada andén…y caer en la vida.

Maola está profundamente decepcionada de que Marina no se acoja a la vida y con odio le rasga el abrigo, la abofetea y se va.


La agreste costa, frente al Mar de la Mancha, lacera. Gaviotas y gavilanes marinos anuncian que su hija espera, junto a un ángel que ha envejecido transmitiéndole las maldiciones necesarias para pasar desapercibida entre los humanos.

vendredi 9 janvier 2009

Regalo mi alma a Madrid


No podía ser de otro modo, en unas horas y estaré volando hacia el Norte, a mi Groenlandia donde las noches comienzan a las cinco de la tarde y el paisaje es feroz por su blancura.




Este es mi regalo a Madrid, donde amé a ANS, devoré pinceles, estuve en callejones, en citas con mi lengua natal, toqué a seres, renací y morí, me mataron ilusiones y entregas desmedidas como los sueños que tenía en una maletica desde que salí de Cuba.



Hoy desperté a David Lago para que supiera mi furia, tras una noche donde repasé mi andar madrileño, y lloré, he dejado poéticamente mí despedida a la ciudad: Un manto de nieve extendido, duradero.



Es mi regalo. Madrid blanca e inconfundible. Que cada traza, que cada copo sea testigo de mi amor, de mi furia, de mi estruendo interior…y me voy… dejándoles esta gracia, parto hacia la oscuridad, la ciudad de un faro que suena campanadas para orientar a los barcos perdidos, a hablar con mis lobos…



Salud Madrid, salud a los amigos que dejó, salud a quien amé y destruyó la blancura....ya conocen de que soy capaz, al menos quiero creerlo y regresaré.


soy la mujer de mi vida- dice el muro en la plaza Dos de mayo...

estaba como premonición , en el encabezado de este blog,NADA APAGA EL FUEGO INTERIOR.

mercredi 7 janvier 2009

EL sillón de los abuelos.



los amigos que ayudan cuando hablan con el corazón...

No te deprimas porque sales de Madrid, si tienes coche en Francia puedes visitarla con frecuencia (si no te vas en tren o autobús) y quizás algún día te mudes para allá definitivamente, la vida da muchas vueltas. Viví en Madrid en tres ocasiones por largos períodos (tenía mi residencia permanente en Los Angeles, California) después en Marbella por cerca de cinco años, ahora estoy en Miami, y quizás de aquí a un año, me encuentre en el Polo Norte. Yo he aceptado la vida filosóficamente y el peregrinaje lo he tomado muy en serio, siempre sentí que desprenderme de la raíz materna, me convertía en nómada, es como buscar siempre el origen, pero bueno, este concepto es complicado. El caso es que los exliados tenemos ansiedad de movilidad, será porque perdimos el sillón de los abuelos, ya sabes, ese que al pasar de los años sigue ahí y que mientras envejece, se convierte en monumento de veneración familiar. En fin, no te desesperes, Madrid está a un suspiro de Paris.

Un buen abrazo,
K.A.

dimanche 4 janvier 2009

Madrid me está matando



pues en breve debo abandonarla y ella y yo sabemos que esto es un pacto de amor y desespero, y aunque sea sin canastillas, aunque sea en cesta de caña brava, aquí renací y, como David Lago,aquí quisiera morir.



mi escalera al infinito...




mi puerta Nº.10, 2B, calle Velarde...

me voy a retratar el aire, cada espacio donde supe que Madrid me
 dolería.

 Calles nubladas de noviembre, es Madrid.

En la esquina creo:
el caballo romperá los platos
pero no tocará la porcelana.

En el río subterráneo del Metro
corren las lágrimas
de las mujeres de la esquina.

Se escucha el bramido de sus pechos
y yo hinco el diente al miedo.

Debo regresar a casa -pan con pan,
aunque él piensa diferente de mí
que conmigo-.

Explico: he colocado la lamparilla
del cuarto en la ventana
frente a otra ventana idéntica
en medio de la puerta que da a la puerta y miro
si se han ido las piernas larguísimas,
si ha cerrado.

La luz pestañea y salto.
Si me cuelgan en un perchero
pedirán mucho más en la rifa.

La mano rutina en el pasante
que se adentra en el subsuelo,
tras ahogarse en mi destiladora.

Y yo sin maleta
bajo el cielo nublado,
en una esquina de Madrid.

jeudi 1 janvier 2009

EL REGALO DE HERIBERTO HERNANDEZ



laura y alderic en el Atico de Madrid.

así se fue el 2008 y hoy, a primera hora me llega la sorpresa. Una amiga me encuentra en La PRIMERA PALABRA y voy, como una niña poco espabilada, a ver razones. Estos regalos me apuntalan la hora en que recién salgo de una resaca del Mediterraneo, ligada con aguas fuertes del caribe, y me encanta el primero de enero del 2009, pues admiro a Heriberto como poeta y matanchero de adopción, e invitarme a su plaza, es de respeto.

http://laprimerapalabraque.blogspot.com/
(si aprietan en el título del post, hacen el viaje directo a La Primera palabra)


Es un CABALLERO ESTE POETA QUE SE LLAMA COMO MI PADRE, HERIBERTO, Y QUE ME HA REGALADO UN ESPACIO EN SU BLOG.

gRACIAS.

FELIZ 2009