lundi 21 avril 2008

Poética del desecho deshecho.


Poética del desecho deshecho.

“...había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder...”

J.L.Borges.
“Las Ruinas Circulares”

Desecho*
1. Aquello que queda tras haber escogido lo más útil y provechoso.
2. Cosa que por cualquier motivo no sirve a la persona para quien se hizo.
3. Escoria o cosa despreciable de un conjunto,
“son el desecho de la sociedad”.
4. Actitud del que muestra desprecio hacia los demás.
5. Atajo, senda.

Deshecho. (a) **derivado de hacer
1. Se refiere a la tempestad o al temporal que es muy violento. “La calma siguió a un vendaval deshecho”.
2. Desaliñado, descuidado.
3. Atajo, senda: “tomaron un deshecho casi oculto para salir rápido del cantón”.

Una simple H diferencia y une las palabras en la poética del exilio cubano. Una H de hombre, de humanidad. Como el gato quántico de Shrödinger, medio vivos, medio muertos, encerrados en una caja de laboratorio, apenas con existencia real, andan los poetas, desechos en el deshecho; mientras a la poesía cubana le hace falta el verso que talle una memoria y llegue a sentirse como propio.

Veamos el panorama, según Dante Alighieri, quien fue un precursor narrando el infierno, el purgatorio y hasta el cielo de mi isla.

En el limbo están los niños, ajenos a cualquier pecado, sólo el de nacer prisioneros de un dictador llamado Castro. Están los que por hambre han perdido la razón.

Bajo el calor infernal, la isla lujuriosa vende cuerpos adolescentes a visitantes de paso. Los cancerberos controlan la palabra, la reunión, el gesto. Avaros, ladrones, oportunistas, delatores, se enriquecen robando, vendiendo tierras, playas, mares; obras de arte expoliadas, el mejor pan, el vino ilícito de la elite, de la nueva casta de dirigentes de esta conspiración contra el ser humano.

Ira y prepotencia en la condena a quien habla, a quien parte pues no puede más. Cuarterías mal olientes, bajo bocinas que repiten frases, tergiversan el sentido de las palabras, hora tras hora desde hace casi medio siglo.

Lago de sangre; de esa sangre de balseros, de fusilados. Bosque de espinas en los golpeadores, quienes tiran piedras, escupidas… hombre a hombre, contra el que decide protestar.

“Traidores”, suena en las espaldas, y el conjuro empieza. Separados de la casa, de la familia, de la patria, el exiliado espera un consuelo que no llega, sin espantar la llaga, la semántica que podría ayudarle a respirar.

El guardián, un amargado viejo de barba blanca, atraviesa el infierno y el purgatorio en una barca. Caprichoso, con desden borra nombres de la lista de nacidos, destierra.

“Con los ojos cocidos con alambre”, algunos aprovechados viven en el extranjero y siguen elogiando aquello, mientras en el mundo se resguardan de romper un mito. La pereza se instala, no hay ley económica que tenga pie a la mentira.

“Bienaventurados aquellos que no tienen más ni menos hambre que la razonable”.
¿Sería esta frase de Dante la que inspiraría la libreta de racionamiento, o el agua con azúcar para evitar el vértigo? Reconozco ser una infeliz, hambrienta, sedienta de libertad.

Dante cuenta el encuentro con su tatarabuelo quien le dice que lo van a desterrar de Florencia. Ese miedo, ese recuerdo de partida inminente, de dejar madre, padre, anciano… con el esbirro, se suma al imperativo de no volver a verlos o callar. Hasta en el escape impera el chantaje.

Todas esas metáforas, esas visiones tienen cuerpo en la realidad de mí país, donde literatura, esquizofrenia, angustia y deshecho se dan la mano.

Transcurren días oscuros en la poesía cubana. Parece que nos han abochornado tanto que los poetas andamos por ahí con una mutación genética. Los que siguen en la isla mucho han viajado y publicado, por esa infinita piedad hacia el encerrado, que bien promueve el Ministerio de cultura cubano y sus excelentes amigos de la publicidad.

Los que sirven a mantener el mito son promovidos, viajan, y exponen en instituciones de prestigio, universidades y galerías solidarias y luego regresan con su verso extraño, punteado de citas y autores conocidos, a seguir amamantando la represión.

Nunca antes el libro había sido monedita de intercambio, referencia intelectual de primera, carente de verso que trascienda. Es eso: silencio y componendas. Por suerte, alguna que otra voz airada recorre Internet; el espacio virtual ha devenido la tierra de las ausencias.

Los opositores que han abandonado el macabro juego, friegan sus ojos sin que nadie en este exilio venturoso se atreva a publicarles, salvo excepciones notables, o mucho correr o pertenecer a revistas de ambigüedad resonante, que no manchan el lenguaje oficial. De todas formas la lista para la posteridad ya esta hecha.

Qué olvido y qué desperdicio. O hemos tenido demasiados buenos cantadores del destierro a lo largo de los siglos, o la necesidad vital de existir nos ha frenado el verbo. Lo peor, nos ha ensuciado el anhelo de constituirnos en grupo humano que se inquieta por la causa de la libertad. Nótese que no estoy pidiendo panfletos, loas, lanzas, ni dardos, sólo que decir lo que nos sucede, es escribir en negro.

Pero hemos parido grandes poetas. Hasta comienzan a dar medallas por la lucha, por la democracia y la libertad, sin que seamos tocados por sus textos.

En esta poética del desecho se han confundido los hemisferios cerebrales: raciocinio y pasión, sin que los poetas arriben a bronquearse con su ego y actuar en consecuencia con su tierra, de donde no saben si saldrán, si volverán, donde han muerto.

Si algún día llega la paz en esta errancia, habría que borrar muchas páginas de historia fabulada por el dictador; otras tantas de poesía enajenada, y bajar a su dimensión a muchos oportunistas. Pero nos faltará tiempo, todavía no sabemos que podemos hacer con tanta ira, odio, desgano y nadie nos consolará por haber perdido la voz.

Yo misma estuve callada una década, sin saber que el silencio me atravesaba la médula. Ese bandido sistema mata al ser humano, sin palabras, cualquier zoológico nos recibiría.

Podría reclamar, que seamos grandes y violentos hasta alcanzar la democracia, o citar a Martí, “jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza”, pues vivir de la poesía no es rentable, pero antes preferiría comenzar a comerme un dedo, de ahí pasaría a la mano, entera me “caníbalearia”, antes de pactar con esos miserables que desgobiernan Cuba.

Me he “adultado” en el destierro, me conformo con que cuenten que han escuchado un desecho y testimonien sobre la isla. Testimonien que la poesía no alarga la vida; la libertad si, y si el poeta no la defiende, esta muerto.